martes, 29 de agosto de 2017

¿Cómo ser una aliada de las lesbianas trans?


por Julia Serano. Traducción libre de Akntiendz Chik.

“Destruye el mito de la interna y la externa” responde Julia Serano.


La autora que marcó un antes y un después en el nuevo transfeminismo dedica un libro entero en 2014 a la exclusión de lesbianas trans y mujeres bi trans del feminismo y los movimientos de tortas, bollos o lesbianas [queer women.]
En el capítulo 10 de su libro, ‘Excluidas’ [Excluded] Julia Serano resume en un sólo punto su recomendación para quienes tienen la intención de hacer que los espacios de tortas, bollos o lesbianas cis, sean auténticamente inclusivos para las tortas, bollos o lesbianas trans: destruir el mito de la interna y la externa.
Julia amplía el concepto de esta manera,
“El mito es muy simple: se asume que las mujeres cis están perpetuamente en el interior de las comunidades de tortas, mientras que las mujeres trans se encuentran perpetuamente en el exterior, tratando de entrar.”
A continuación la autora pasa a desmontar el mito a través de una serie de reflexiones que como siempre nos traen una mayor claridad en los temas transfeministas, enfocados en esta ocasión en la necesidad de comunidad para las tortas trans así como de coherencia con sus principios feministas para las comunidadesde tortas cis.
Y pues, aunque este texto no significa que hayamos comenzado en forma con la traducción del libro, desde Akntiendez Chik sí decidimos dedicar buena parte del fin de semana a traducir este capítulo, por considerar lo valioso de este análisis y lo actual que se ha vuelto en nuestras propias vidas.
Aquí les dejamos un capítulo completo del nuevo libro de Julia Serano, porque ya fue suficiente eso de e quedar siempre ‘afuera!’  ;)

‘Cómo ser una Aliada de las Mujeres Trans’
Capítulo 10 del libro de Julia Serano, ‘Excluded. Making Feminisn and Queer Movements More Inclusive.’ (Excluidas. Haciendo el Feminismo y los Movimientos de Tortas, bollos o lesbianas más Inclusivos.” Traducción libre de Akntiendz Chik.

Desde hace muchos años, un foco importante de mi activismo ha sido el desafiar el modo en que las mujeres trans son a menudo excluidas de, o se les hace sentir que son irrelevantes dentro de los espacios de tortas. Debido a que me he manifestado tan abiertamente sobre el tema, la gente a veces me pide consejo sobre cómo pueden hacer que su espacio u organización haga sentir a las mujeres trans que realmente son bienvenidas en dichos espacios. A veces les ofrezco sugerencias que aplicarían prácticamente a cualquiera que quisiera ser una buena aliada para cualquier minoría o grupo marginado: Edúcate en los temas que tienen que ver con las mujeres trans, llama la atención a quienes muestren actitudes transfóbicas y transmisóginas dentro de tu propia comunidad, permite que las mujeres trans tengan una auténtica voz más allá de actuar como representantes simbólicas de lo incluyentes que se supone que son en tu comunidad, no proyectes sobre nosotras lo que crees que sabes acerca de nosotras, escucha lo que tenemos que decir acerca de nuestras propias vidas y nuestras perspectivas acerca de las mismas, incluso si difieren de las tuyas, y así sucesivamente. Por supuesto, éstas son nada más sugerencias generales a manera de remiendos de pronta aplicación, pero cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que en realidad no alcanzaban a llegar a la raíz del problema. Así que últimamente he intentado reducir mi propio discurso acerca de “cómo ser una aliada de las mujeres trans” a un sólo punto muy simple: Destruye el mito de la interna y la externa.

El mito es muy simple: se asume que las mujeres cis están perpetuamente en el interior de las comunidades de tortas, mientras que las mujeres trans se encuentran perpetuamente en el exterior, tratando de entrar. Este es el por qué las mujeres cis que tienen un problema con que haya mujeres trans en sus comunidades tienden a retratarnos como infiltradas, intrusas, o imitadoras -esencialmente, “hombres” que se sienten con derecho y tienen la audacia de querer participar en una comunidad de mujeres a la que además supuestamente no entendemos. Esta suposición ignora el hecho de que las mujeres trans han sido parte de las comunidades de tortas por lo menos desde la década de 1960, y está visto que no tenemos planes de irnos a corto plazo. Más importante aún, el mito de la interna y la externa ignora el hecho de que prácticamente todas nosotras -seamos cis o trans- comenzamos nuestras vidas fuera de la comunidad de tortas.

Casi todas nosotras crecimos en familias heterosexuales. Nuestros años de formación los pasamos navegando como pudimos para encontrar nuestro camino a través de las escuelas predominantemente hetero y las comunidades donde nos hicieron sentir vergüenza y el estigma acerca de nuestro género y nuestros deseos sexuales.

Al igual que muchas tortas, pasé mi adolescencia en el armario, sintiéndome aislada y asustada. No me atrevía a contarle a nadie sobre mis primeras fantasías, que invariablemente me involucraban a mí (como una chica) besándose con otra chica de la que estaba enamorada en mi escuela primaria o secundaria. Como adulta joven, experimenté un poco con los hombres, pero la mayor parte de mis relaciones fueron con mujeres que se consideraban a sí mismas tortas. Finalmente, llegué a salir del armario ante todo el mundo que formaba parte de mi vida como una mujer que ama a otras mujeres. En estos días, cuando me muevo por el mundo, la gente en general, me percibe y me trata como a una torta, ya sea porque me presento abiertamente como torta, o porque estoy con una pareja mujer, y/ o debido a mi naturaleza un tanto masculina [tomboy’]. En otras palabras, mi historia no es realmente muy diferente a la de la torta cis común y corriente, excepto por el hecho de que (a diferencia de ella) yo fui forzada en contra de mi voluntad a vivir una infancia y una adolescencia como chico. Y al igual que las demás tortas auto-empoderadas, no acepté dócilmente el futuro que otros habían trazado para mí. En lugar de eso, seguí mis propios deseos, creando mi propio camino, al igual que lo han hecho mis hermanas tortas cis. Y creo que compartimos un objetivo común fundamental: encontrar una red de apoyo fuera de la corriente dominante centrada en el hombre hetero, donde por fin podemos sentir que tenemos poder y nos podemos afirmar como mujeres que aman a otras mujeres.

Mucha gente en nuestra cultura expresa actitudes negativas hacia las mujeres trans. Comentar o despotricar sobre lo enfermas o peligrosas o desagradables o confundidas o falsas o patéticas o ridículas que supuestamente somos. Pero, sinceramente, cuando la gente hetero hace esos comentarios, claro que me molesta, pero no me duele tanto como cuando una torta dice las mismas cosas. La razón de esto es simple: hace mucho tiempo que me di por vencida tratando de encajar dentro de la mayoría hetero. Pero las tortas son mi comunidad elegida. Así que cuando la gente hetero me falta el respeto, se siente como si viniera de un extraño. Pero cuando las tortas lo hacen, se siente como un rechazo de la familia.

Por desgracia, el mito de la interna y la externa crea diferencias en cómo son tratadas las mujeres cis y trans dentro de las comunidades de tortas. Recuerdo haberle preguntado a una amiga torta cis sobre cómo se sintió la primera vez que se aventuró en el espacio de tortas, y su respuesta fue similar a lo que la mayoría de nosotras probablemente diría: Dijo que se sentía entusiasmada y al mismo tiempo nerviosa. Entusiasmada por las posibilidades que el espacio anticipaba, pero nerviosa porque, hasta ese momento, ella había sido una completa externa allí. Mi amiga cis estaba preocupada de que pudiera decir algo incorrecto, ser vista como despistada, que no pudiera ser aceptada o tomada en serio. Pero se encontró con que con el paso del tiempo fue recibida y aceptada con cariño. Las tortas más antiguas la veían como una versión más joven de sí mismas y la llevaron bajo su ala. La llamaban la “torta bebé”, un término peyorativo es cierto, pero que implicaba que era inevitable que eventualmente crecería y se convertiría en una torta asumiendo su identidad como tal. Las tortas más establecidas eran pacientes con ella y le daban el beneficio de la duda.

A las mujeres trans rara vez se les concede el beneficio de la duda. A veces somos excluidas de forma explícita. Más a menudo en estos días, se nos permite participar como una formalidad, pero nunca se nos hace sentir que realmente somos bienvenidas. A veces se siente como que hemos sido colocadas bajo una doble observación tipo libertad condicional: Se nos tolera hasta que decimos o hacemos algo mal o que puede ser mal interpretado de alguna manera. Y tan pronto como lo hacemos, otras lo atribuyen no a nuestra ingenuidad o al hecho de que simplemente tenemos una perspectiva diferente, sino que lo verán como los vestigios de la manifestación omnipresente de nuestro privilegio masculino, de la socialización, y / o de nuestra tan temida “energía masculina.” En otras palabras, utilizarán el incidente ocurrido para representarnos como las de afuera.

Por otro lado, cuando las mujeres trans son aceptadas abiertamente en espacios de tortas, por lo general ésto ocurre a pesar de nuestra condición de mujeres trans en lugar de a causa de la misma. En otras palabras, se espera que minimicemos o incluso que ocultemos nuestras historias como mujeres trans, así como nuestras perspectivas y cuerpos, con el fin de mezclarnos sin más con la mayoría cis. Esto sucede en marcado contraste con la forma en que nuestros homólogos en el espectro FTM o mujer a hombre a menudo son bien recibidos, abrazados, incluso celebrados, porque son trans, por la diferencia que aportan a los espacios de tortas.

He escuchado a muchos hombres trans quejarse de cómo son “fetichizados” por algunas tortas. Como alguien que a menudo es “fetichizada” por los hombres cis, me identifico con lo molesto o invalidante que esto puede llegar a ser. Dicho esto, hay algunas cosas que son peores que ser “fetichizados” en los espacios de tortas -por ejemplo, ser desexualizadas en esos espacios -no ser consideradas como sujeto legítimo de deseo femenino de parte de otras tortas. Lamentablemente, así es cómo a menudo son vistas las mujeres trans. Y si bien hay un sin número de grupos de apoyo para tortas cis que están en relaciones con chicos trans, prácticamente no hay recursos para, o incluso no hay discusiones sobre, tortas cis que forman pareja con tortas trans. A veces, otras incluso tratan a nuestras parejas cis como si hubieran sido infectadas por nuestros “gérmenes de mujer trans.”

Debido a que las mujeres trans son vistas como las forasteras perpetuas, las demás a menudo asumen que nunca podremos ‘convertirnos realmente’ en mujeres. Por ejemplo, a pesar de que en mi caso realicé la transición hace ocho años, de vez en cuando, cuando hablo con mi mamá, ella me pregunta: “Entonces ¿cómo vas con tu transexualismo?” Como si ser mujer fuera un objetivo que siempre estuviera tratando de alcanzar, pero que nunca podré conseguir plenamente. Aunque, lo admito, cuando ella lo dice suena ciertamente a algo lindo. Sin embargo, cuando no viene de mi madre, esta suposición puede ser infinitamente frustrante para mí viniendo de las comunidades de tortas. No importa cuánto tiempo haya estado viviendo como la mujer que soy, o cuántos libros sobre lesbianismo o feminismo para tortas haya yo leído (o escrito), todavía sucede que me encuentro con mujeres cis que se dirigen a mí como si yo no supiera nada acerca de nuestra comunidad en absoluto. Así que cuando me quejo de algunos comentarios transfóbicos o transmisóginos de parte de alguna torta, a menudo se me dice que debo estar equivocada, o que tal vez soy demasiado sensible. Incluso puede suceder que se pongan a darme lecciones sobre cómo yo debería ser paciente con la mujer en cuestión, porque ella ha sido oprimida por el patriarcado (¡como si yo no hubiera sido oprimida por el patriarcado!)

A veces me pongo a bromear con las amigas diciéndoles que estoy a tan sólo una mala experiencia más de convertirme en una torta trans separatista. Las demás siempre se ríen cuando digo ésto por lo absurdo que suena. Hay simplemente demasiado pocas mujeres trans en el mundo como para crear un movimiento separatista viable. Y aunque encuentro que las mujeres trans son extremadamente sexys, no tengo ningún deseo de limitar mi libro de citas únicamente a las mujeres trans. Y aunque creo que las mujeres trans tienen comprensiones y conocimientos que son cruciales (y subestimados) acerca del género y el sexismo, no creo que nosotras (y sólo nosotras) tengamos todas las respuestas. De hecho, no creo que ningún grupo pueda tener todas las respuestas, porque cada una de nosotras vive en diferentes cuerpos. Tenemos diferentes historias, diferentes predisposiciones, y cada una de nosotras se ubica en la intersección de diferentes privilegios y formas de marginación.

Así que cuando me preguntan qué se puede hacer para ser mejores aliadas de las mujeres trans, les digo que lo más importante que pueden hacer es ayudar a trabajar para la creación de nuevas comunidades de tortas: comunidades que celebren la diferencia y no sólo la semejanza; comunidades donde todas somos escuchadas y valoradas por nuestras perspectivas únicas; comunidades donde cada persona es vista como un sujeto legítimo de deseo; comunidades en las que nuestras expresiones y presentaciones de género no son vigiladas; comunidades donde las lesbianas “estrella de oro” (1) no sean vistas como mejores que las mujeres bisexuales comprometidas con el grupo, y donde las mujeres trans no sean vistas como menos legítimas que las mujeres cis; comunidades que reconozcan que las mujeres que aman a otras mujeres pueden tomar un número infinito de diferentes caminos en sus vidas para al fin llegar allí. Trabajemos juntas para construir nuevas comunidades de tortas donde a todas nosotras, a pesar de las diferencias superficiales en nuestros cuerpos e historias, se nos de el beneficio de la duda.
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(1) “Lesbiana Estrella de Oro” es la jerga torta para designar una lesbiana que nunca jamás ha tenido un encuentro sexual con un hombre. Dentro de ciertos círculos, el estatus de “estrella de oro” está asociado con ser más pura o auténticamente lesbiana que las que previamente han tenido experiencias sexuales con hombres. No hace falta decir, es un concepto altamente monosexista.

[*Al traducir en este contexto los términos ‘queer’ y ‘queer women’ lo hemos hecho como bollos, tortas o lesbianas, buscamos darle un sentido similar al que emplea “Autostraddle” la revista feminista internacional más leída entre las lesbianas, cuando dice ‘queer women’ para referirse a quienes son mujeres lesbianas, tortas o bollos, sean cis o trans, dejando espacio a otras identidades afines.]

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