sábado, 19 de julio de 2014

Delimitando Parámetros de Epistemología y Ética en la Política Bisexual.


Por Jorge Yáñez López
Fuente: opcionbi.org



En términos dirigidos a la conformación de líneas significantes desde lo simbólico y lo argumentativo para sustentar una teoría del conocimiento de las y los bisexuales como sujetos políticos, procede como planteamiento primero, la determinación de sus bases. 

Axiológicamente todo contenido posicional se fundamenta en los principios de la libertad y de la diferencia, ambos aspectos situados en un afuera de los sistemas de género convencionales y hegemónicos, por eso su introyección cotidiana expresada en la Ética Bisexual, habitualmente se colisiona al suscitarse cruces con paradigmas androcentristas, heterocentristas, de igual modo que con las ideologías totalitarias.

Una línea de transgresión implícita o explícita consiste en prácticas de relación intragenérica e intergenérica en los planos erótico – afectivos, validando así, entre similares, los códigos propios de identificación; y signando así, habitus que trascienden los modelos tradicionales de ser hombres y de ser mujeres; reformulando formas de entendimiento y articulando roles y percepciones bajo patrones y acuerdos adaptables.

La lógica de lo alternativo y de la atipicidad, de comienzo, ajenas al esquema bisexual, porque para éste dichos puntos constituyen lo acorde, connota en su trasfondo su postulado explicativo propio, el fincamiento de sus particulares categorías de referencia. El quid incluso presenta como punto de partida una acotación metodológica, la no comparación con otro esquema de conocimiento, cuyas bases, de origen, opósitas, deriven en la edificación de un sistema binario cuya operatividad cultural propenda a aplicar juicios de valor, sustanciales para uno e insustanciales para el otro.

Por eso es tan relevante clarificar la arquitectura conceptual del Ser Bisexual, con una estructuración por sí misma, con sus propias premisas y dinámicas de vida.

Que sin apego al período definitorio o redefinitorio de la identidad, se trata de un aprehender al mundo desde un espacio enclavado en un marco de mayores dimensiones que lo niega, lo desconoce y clausura sus canales de desarrollo

El pensamiento político bisexual es por circunstancia un contraespacio en expansión, que consciente de su no identidad desde lo reconocible por lo hegemónico, arma su reflexión y su discurso multivocal.

Leído desde el enfoque como libertario, de resistencia o de opcionalidad, aunque su mayor sustrato apunta a no ser reproductor del marco regla citado, sino más bien, productor de cualidades y caracteres disociados de la arbitrariedad de procesos de socialización, sesgados por un referente eje, que todo lo parcializa.

No existe la certeza dentro del pensamiento bisexual para suponer y vertir elementos de una sola Ética Bisexual, si se tiene en cuenta que el mosaico de la bisexualidad cifra posibilidades no siempre compartidas por toda persona bisexual, sin trastocar con ello su legitimidad.

Separado de cualquier clase de relativismo, es factible advertir la diferencia de visiones que una Ética desde el activismo bisexual conlleva frente a la Ética de las y los no activistas bisexuales o frente a académicos bisexuales de la educación sexual.

Pero ello es únicamente una situación de ámbitos entre bisexuales, finalmente la Ética Bisexual que guía, será aquella implementada entre las y los bisexuales más allá de su oficio político, es decir, fundado en el código común basado en la identidad únicamente.

La normativa heterocentrista delimita el ejercicio de las prácticas bisexuales, clasificándolas como lícitas o ilícitas a partir de dos raíces de legitimación cultural, la legal y la religiosa

El desarrollo de contra argumentaciones a la Ética Oficial de la Iglesia Católica por ejemplo, va no sólo en un sentido reactivo sino de validación de referentes independientes que parten desde sus propias bases teóricas, no vistas a sí mismas como periféricas ni antitéticas.

Entendiéndose que una ética concretamente implica una manera de reflexionar respecto a todos los cuestionamientos con una cierta perspectiva, no dogmática para la Ética Bisexual, humanizada y que por ello conlleva una valoración positiva y que además propugna por la igualdad, no como condición de status quo sino en calidad de sustrato homogéneo para toda persona. Por ello la Ética Bisexual no sólo es crítica con los íconos y valores de la Heterocultura, también lo es de la Homocultura cuando sectores o visiones de ambas niegan, condicionan o parcializan el derecho a la diferencia.

Para hablar de nuevas éticas debe clarificarse primero dónde, cuándo y cómo se construye la dinámica del dominio; comprendido el circuito de Poder, pueden entonces valorarse los porqués y su lógica parametral, pero sólo para efectos de conocimiento no de justificación.

Habrán vías o válvulas de escape iniciales, es decir dentro del mismo esquema que emplearán el lenguaje, el razonamiento y la propia teoría excluyente para refutársele. Consiste pues en una alternativa metodológica, no en una transformación ni en una contraposición teórica. Bajo esa precisión es posible encuadrar valores y comportamientos sexuales admisibles en planos liberales o de agenda política, incluso matizar planteamientos para su reconocimiento en un sistema de sistemas.

Verbi gracia, un importante desafío teórico – práctico para las bisexualidades es el arribo a los acuerdos mínimos respecto a causas y demandas con los gays, las lesbianas y las y los trans; el trabajo perfilado a interactuar con la población LGT ha sido parte de los ejercicios de diálogo con la otredad, también anulada en sus derechos por la hegemonía de lo cultural.

Los mecanismos para democratizar esfuerzos y participación son entonces el ensayo permanente de unidad y de solidaridad, evaluables por supuesto, desde la propia Ética Bisexual.

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