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Dicotomías, monotonías y bifobia



Por Natalia Anaya Quintal, nataliabi1959@yahoo.com

Grupo Opción Bi, 


Dicotomías o las dos caras de la moneda


El feminismo nos ha mostrado que el lenguaje es un instrumento de poder y la orientación sexual y la identidad de género no se escapan de esta dinámica. Desafortunadamente, el lenguaje se genera a veces a partir de marcos de referencia con limitaciones. Durante siglos, una de esas limitaciones ha sido la visión maniquea de la realidad. 

El Maniqueísmo fue una secta religiosa fundada en el sigo III por el sabio persa Mani o Manes. Los maniqueos —al igual que los gnósticos y los mandeos— eran dualistas. Creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el bien y el mal. Los cuales eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, Dios es el creador de todo lo bueno y Satanás el creador de todo lo malo. Por otro lado, también Platón hablaba de la dicotomía entre el cuerpo y el espíritu.

Sin embargo, esta visión de “sólo dos” no es exclusiva del siglo III, ni de esta secta religiosa, ni de Platón. Esta visión es compartida por religiones monoteístas y ateístas de la antigüedad pero también actuales. En contraposición, las religiones politeístas ofrecían una visión mucho más plural. El problema es que la visión dicotómica y monotónica se han introducido en la manera, moderna y occidental, de entender el mundo y en nuestra vida cotidiana.

Otras palabras que se refieren a la misma idea son: 

Dicotomías, 

Binarismos, 

Bipolaridades, 

Dualismos

¿A qué me refiero con estos términos? Me refiero a esa forma de pensamiento muy común de plantear dos, y sólo dos maneras de ver una situación, un problema y sus soluciones, pero también a grupos de personas o una persona en lo individual. Es una forma de pensamiento que para intentar comprender la realidad coloca al mundo en dos cajas. . Las personas que ven el mundo desde esta perspectiva siempre plantean dos opciones. Ellas creen que con eso nos están ofreciendo amplias posibilidades para elegir. Pero yo no lo creo así.

Yo considero que el pensamiento dicotómico es muy peligroso y dañino, porque no sólo restringe las posibilidades de solución de los problemas y de comprensión del mundo, sino que provoca discriminación y rechazo hacia grupos de personas. Es peligroso porque ofrece una visión exageradamente simplista de la realidad. De un sólo golpe elimina la diversidad sexual y de género, pero también la diversidad cultural, de raza, la política y la religiosa. Se contrapone a la pluralidad y a la democracia y se puede considerar una forma de visión dictatorial y totalitaria.

Esta forma de pensamiento sólo permite comprender el mundo mediante dos polos que se oponen y excluyen. Pero con sólo dos opciones se empobrecen todas las posibilidades y la amplia riqueza del universo y la vida. 

Entre esos dos polos no hay nada. Si existiera algo sería irrelevante o transitorio y lo peor es que no tendría nombre o no habría palabras para nombrarlo. 

En el grupo en el que soy activista hacemos un juego en el que les damos a un grupo personas una hoja de papel y les pedimos que dibujen dos líneas verticales paralelas para formar tres columnas.

En la primera de la derecha escriben una lista de diez palabras que les dictamos. Les pedimos que llenen la columna del extremo derecho con las palabras contrarias, con los antónimos, dejando libre la columna de en medio. Esta actividad la realizan en un minuto, más o menos. Finalmente, les pedimos que llenen la columna de en medio con el concepto que estaría en medio de los otros dos. Lo sorprendente es que esta actividad no la pueden terminar de manera completa.

Al parecer, el lenguaje no tiene palabras suficientes para nombrar aquello que no está en alguno de los dos lados de este mundo dicotómico o binario

Les voy a dar diez ejemplos de binarismos:



Dios, Satanás

Bueno, malo

Sano, enfermo

Normal, anormal

Ying, yang

Macho, hembra

Hombre, mujer

Masculino, femenino

Heterosexual, homosexual


Monosexual, bisexual


Es importante decir que los pares binarios no están de ningún modo en situación igualitaria. Existe una relación jerárquica de poder tanto simbólico como real. Una de la partes es, siempre, la correcta y poderosa; y la otra la incorrecta y subordinada. Para perpetuar la situación jerárquica no debe existir nada en medio de las dos.

La primera palabra de cada par de antónimos tiene una posición de poder y aceptación. Y sin embargo se acepta que ambas representan perfectamente la totalidad del universo o del tema que pretenden describir o nombrar. El mundo no estaría completo si alguna de las dos faltara. Ambas son necesarias para dar la sensación de que podemos elegir y para poder sentir tranquilidad de que hay algo o alguien que nos sirve de referencia para guiar nuestras ideas y comportamientos. Ofrece una manera fácil de entender al mundo pero al mismo tiempo es una simplificación verdaderamente peligrosa. Desafortunadamente, esta forma de pensamiento está extremadamente difundida en todo el mundo. 

La visión dicotómica o dualista conduce a la negación de la bisexualidad como práctica erótica pero sobre todo como identidad. Con ello, se niega la fluidez del deseo y la identidad bisexual de mujeres y de hombres que tienen la capacidad de amar a las personas independientemente de su género o sexo. Perpetúa la opresión en muchos sentidos hacia las personas que no son monosexuales.

Aquí me voy a detener para aclarar el término monosexual. Monosexuales son las personas que desean y/o aman a personas que pertenezcan a un sexo sea el de ellas mismas u otro. De esta manera, son monosexuales las personas heterosexuales y las homosexuales.

El binarismo niega no sólo la validez de la bisexualidad como una orientación sexual, sino que niega su propia existencia. Así como se puede hablar de una heterosexualidad obligatoria se puede plantear también la existencia de una monosexualidad obligatoria. De tal forma, homosexuales y heterosexuales ejercen presión, consciente o no, hacia las personas que se identifican como bisexuales, para que se ajusten a una nueva normatividad sobre el deseo de “sólo hacia un sexo pero no ambos”. El rechazo a la bisexualidad y a las personas bisexuales se le llama bifobia.

Los textos que existen en México, escritos por psicólogos, sexólogos y médicos muestran su propio desconcierto al enfrentarse al tema de la bisexualidad y resuelven esa confusión con argumentos bifóbicos, con descripciones lejanas a la realidad de mujeres y hombres bisexuales o simplemente con la negación de la bisexualidad. La mayoría de ellos son monosexuales y tal vez esa sea la razón de su desconcierto y desinformación.

Ahora, también se niega la bisexualidad de las personas diciendo que en realidad son Queer y no aceptan que se nombren bisexuales. En varios grupos de lesbianas y gays con los que he trabajado, con frecuencia sucede la siguiente situación.



Estamos en un grupo de personas cada una se presenta ante el grupo. Una mujer joven dice 

- Yo soy Mariana y soy lesbiana, 

Luego sigue un hombre joven que dice 

-Yo soy Manuel y soy gay



Y así, hombres y mujeres se presentan y van hablando de su orientación sexual: lésbica, homosexual o gay. Sin embargo, cuando alguien dice: Yo soy bisexual. Entonces se hace un silencio y después todo el grupo comenta: A nosotros no nos gustan las etiquetas y creemos que es mejor decir que todas y todos somos Queer.

Pareciera que la palabra bisexual no debe decirse y que sólo se permite escoger entre dos opciones: eres lesbiana-gay o eres Queer, pero no se admite que las personas bisexuales se nombren como bisexuales. Se les exige que brinquen esta etapa lo más rápido posible para estabilizarse en uno de los dos extremos de la dicotomía. De esta forma, la monosexualidad obligatoria y la bifobia se manifiestan a través de argumentos Queer. Ahora se es Queer o no se es y ahí tenemos otra dicotomía.

Aunque también debemos reconocer que en América Latina es cada vez más común que se etiqueten los grupos y las marchas del orgullo con las letras LGBT haciendo referencia a lesbianas, gays, Bisexuales y personas transgenéricas. Incluso en países como Argentina se añade la letra “I” para incluir a las personas Intersexuales. A pesar de esta actitud, aparentemente incluyente y tolerante, en la realidad las personas que se nombran bisexuales nos son bienvenidas en muchos de esos grupos.

De esta manera, los movimientos políticos que surgen desde una necesidad de libertad y tolerancia como el movimiento lésbico-gay y algunxs seguidorxs de la perspectiva Queer se ven limitados para aceptar otros estilos de vida debido a su marco de referencia dicotómico.

Por otro lado, es muy importante dejar en claro que no pretendo invalidar los extremos de las dicotomías, sino que trato de señalar la necesidad de reconocer tanto los extremos como todo lo que está entre ellos. Esta sería una aceptación amplia -y desde mi punto de vista, correcta- de la diversidad en todos sus aspectos. Pero también sería adecuado reconocer todo aquello que se encuentre atrás, adelante por encima o por debajo de esas dicotomías. Este texto busca el reconocimiento de las diversidades, cualquiera que sea la posición que tomen o el lugar en el que se les coloque. Y por supuesto, en esta propuesta deberán ser incluidas las propias dicotomías como parte de esas diversidades, pero no sólo ellas. Creo que es posible que la bisexualidad se pueda convertir en un estímulo positivo para cuestionar otros modos de pensamiento binario y también las formas en que este pensamiento aparece, incluso, en movimientos progresistas y liberales.

Por supuesto que también habría que preguntarse acerca de si la bisexualidad se encuentra en medio de la dicotomía homo-heterosexual. Desde otra perspectiva, se podría considerar que la bisexualidad está ubicada no en medio sino a la derecha de la homosexualidad. De esta manera tendríamos primero la heterosexualidad, luego la homosexualidad y finalmente a la bisexualidad. Esta reflexión me surge de la idea comúnmente aceptada de que la bisexualidad es una etapa de transición entre la heterosexualidad y lo homosexualidad. Por considerase de esta manera, es fácil comprender que se le coloca en medio. Esta idea está reforzada también porque a la bisexualidad se le puede pensar como una orientación que es mitad hetero y mitad homosexual y no como una orientación diferente. Sin embargo, una buena parte de las personas que se nombran a si mismas como bisexuales, se vivieron primero como heterosexuales, después durante un período de sus vidas se identificaron como homosexuales, gays o lesbianas y finalmente se nombraron bisexuales. Quedando la bisexualidad como el final de camino. Este fue mi caso personal, al menos hasta el momento. Por otro lado, recordemos que Sigmud Freud en el siglo XIX ya hablaba de una bisexualidad originaria y desde esta otra perspectiva se podría considerar a la bisexualidad como el elemento que se encuentra en una posición anterior a la hetero y la homosexualidad.




Monotonías o el cajón (único) de las monoverdades


Me parece que es muy importante reconocer aquellas especificidades que van más allá de las dos opciones que nos ofrece el pensamiento dicotómico. Pero también es importante denunciar aquellos planteamientos que, con el propósito de desaparecer a las dicotomías, generan o aceptan sólo una categoría en la que colocan toda la diversidad. Ejemplos de ello los tenemos cuando se usan frases como “La Historia del Hombre”, pretendiendo hablar tanto de la historia de los hombres como de las mujeres. Otro ejemplo lo tenemos con la idea de que sería conveniente que se coloquen todas las diversidades sexuales, de género, de raza, etc., en el cajón único de Queer. Yo creo que con esto se eliminan y se invisibilizan de un sólo golpe las especificidades de la propia diversidad. El Psic. Juan Carlos Hernández Meijueiro propone un juego de palabras para referirse a este tipo de visión: “monogamia más monoteísmo es igual a monotonía”. Y quiero enfatizar que muchos activistas progresista en los tema de sexualidad y género plantean sustituir el pensamiento dicotómico por el monótono o monotónico. Quiero volver a insistir en la necesidad de la importancia de nombrar las especificidades para con ello reconocer la propia existencia de las diversidades.


Finalmente quisiera dejar abiertas dos preguntas que desde una perspectiva dicotómica no se podrían responder de manera completa.

¿Hay solo dos sexos: macho y hembra? ¿Sólo hay posibilidad de la existencia de sólo dos géneros: hombre y mujer?


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