jueves, 16 de enero de 2014

Bisexualidad: La Preferencia oculta

PARTE UNO



Por Salvador M. Camacho/Enkidu

La motivación sexual depende básicamente de factores ambientales, y es aprendida, en el sentido de que debe adquirirse durante estadios específicos de la vida. Presenta numerosas variaciones individuales. (Ardila, 2001). 

Tratar de definir qué son las identidades sexuales desde las orientaciones, (el término orientación de manera convencional y no por oposición a preferencia, en el sentido de q orientación como un término que designa lo esencial e inevitable y preferencia como una construcción asumida y decidida voluntariamente por el sujeto, sino a ambos términos como una expresión de la “multidimensionalidad” y polivalencia de las prácticas eróticas), (Garber, 1995), nos introduce en el terreno de tratar de descubrir sus orígenes, cómo son y cómo se forman: ¿atracción afectivo-erótica, prácticas concretas, asignación propia, fantasías, percepción del yo ideal?, ¿Desde cuál de éstos se designa una orientación sexual?, ¿se trata de un fenómeno individual o de una construcción social?, ¿desde y hasta cuándo se tiene una orientación definida? 

Probablemente hay que pensar, en primer término, en que existe una diferencia crucial entre identificarse a sí-para sí e identificarse a sí-para otros, entre el ser y sentirse en el espacio de lo privado y asumir un rol social o una identidad por adscripción. 

Es en el espacio de lo público donde se gestan los habitus y las representaciones sociales, es en el plano de éste y de la identificación de sí-para otros, donde empieza la necesidad de sentirse aceptado y de validar la existencia propia dentro de una comunidad. 

De tal manera, es en el espacio de lo público donde se configuran, manifiestan y reproducen las identidades sexuales pero es en el ámbito de lo privado (el imaginario Lacaniano) donde se conforman (denotar con el término conformar, un "nacimiento esencial" de las pretendidas orientaciones sexuales, sino, en el sentido Lacaniano, una construcción subjetiva en la que la vivencia erótica traspasa cualquier consideración de orden biológico y moral, para instalarse en la lógica del deseo). Tampoco se pretende asignar al espacio de lo privado única y exclusivamente el orden de lo imaginario, ya que en él coexisten también lo simbólico y lo real. No se tiene la intención de sugerir que existe un momento específico de "fundación" de las orientaciones sexuales; existe una gran cantidad de intentos teóricos por determinar si éstas si son "naturales" o construidas, la etapa de la vida en que "se origina" o se manifiestan y su nivel de estabilidad y permanencia, entre ellos destaca la tesis freudiana, que fue revolucionaria en el reconocimiento de la sexualidad infantil). 

Existe una dificultad real en pretender definir las identidades sexuales de una manera unívoca y lineal, así como la carencia de elementos suficientes para superar las contradicciones de la asociación directa que se establece entre identidad de género y orientación sexual. (Halperin, 1993). 

En este sentido, los estudios lésbico-gay han aportado la posibilidad de establecer una separación sustancial entre la identidad genérica y la sexual. Han puesto de manifiesto las tesis constructivistas en tono a la constitución de las identidades sexuales, así como los significados sexuales inscritos en diferentes formas de expresión cultural. (Castañeda, 1999) 

Como nos dice (Laplanche, 1970). En su Diccionario de Psicoanálisis, “el concepto de bisexualidad surge en la literatura médica y filosófica alrededor de 1890”. Es introducido al psicoanálisis, con un sentido distinto, a partir de los Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905). En sus primero y segundo ensayos, Freud establece que el ser humano posee una disposición bisexual más allá de lo anatómico, con múltiples posibilidades de placer representadas en la pulsión sexual. La sexualidad es deseo, de ahí que resulte eminentemente humana. El objeto de amor no tiene nada que ver con sus sexos, sino con la "fuerza" que en él se percibe. 

En el psicoanálisis contemporáneo, por su parte, (Lacan, 1967) señala claramente cómo la relación que Freud centró en la díada madre-hijo, se ve mediada por un tercero: el falo como elemento significante del deseo. Es esa perpetuidad de lo que "falta", o bien no asumir esa falta, o bien "ser" ese falo, lo que llevará a la búsqueda de un Yo representado en el otro a partir del valor que se le asigne. Ello dará por resultado una orientación sexual determinada. 

Esta construcción teórica, que en principio pretende explicar la homosexualidad, nos brinda la posibilidad de visualizar cómo, a partir de la constitución del sujeto humano merced de ser nombrado por Otro en las etapas tempranas de la conformación del psiquismo, se elaboran significantes cuyos efectos de significación son imprecisos, "hombre" y "mujer", como los entendemos, no están claramente diferenciados en cuanto a su función en el desarrollo del ser (psíquico), por tanto las elecciones de objeto se dan desde otros "criterios". (Butler, 1997). 

Así la bisexualidad pasa a ser una categoría que puede verse de múltiples maneras, entre ellas en función de una atracción erótica vinculada a las características del género típicas, lo que incluiríamos como una "falsa" bisexualidad en términos de identidad, o bien no asociada a características genéricas ni genitales, sino de la persona, lo que (Castañeda, 1996), llamará bisexualidad abstracta. 

De igual manera, representa un reto el poder definir quién y en qué momento es bisexual, ya que, como lo señalan algunos investigadores (Castañeda, 1999; Klein, 1994), esta "cualidad" es sumamente variable en un mismo individuo a lo largo del tiempo. 

BIBLIOGRAFÍA:

· Ardila, R, (2001), Psicología Fisiológica (10º. Reimpresión), México, DF, (pp. 183), Trillas.

· Álvarez-Gayou, JL (1986), Sexoterapia Integral, México, DF (pp.29-30), Manual Moderno.

· Bleichmar, H (1997), Introducción al estudio de las perversiones. La teoría del Edipo en Freud y Lacan. Buenos Aires, Nueva Visión, (pp. 230-231).

· Butler, J, (1997), Variaciones sobre sexo y género: Beauvoir, Wittig y Foucault, en Lamas Martha comp. El género, la construcción cultural de la diferencia sexual, PUEG-UNAM, México, 1997, (pp. 34-37) Editorial Porrúa.

· Castañeda, M, (1986), La Experiencia homosexual, México, DF, (pp.134-145). Paidos.

· Foucault, M, (1976), Historia de la Sexualidad II, El uso de los placeres. México, DF, (pp. 450-452), Siglo XXI.

· Giraldo, O, (l982), Mas allá de la heterosexualidad, Avances en psicología clínica, México, DF, (pp. 47-98), Editorial Latinoamericana.

· Sabogal F, (1992), Hombres latinos gay y bisexuales: una comunidad de alto riesgo del VIH-SIDA, Revista Latinoamericana de Psicología, 24 (1), pp. 57-69.

· Katchadurian, H, (l998), La terminología del género y del sexo, en La sexualidad humana, México, DF, (pp. 89), FCE.

· Lamas, M, (1997), Género, diferencias de sexo y diferencia sexual, Debate Feminista, Vol. 20 (2), México, DF

· Núñez, G, (1999), Sexo entre varones, Colección: Las Ciencias sociales. Estudios de Género, PUEG e IIS UNAM, Colegio de Sonora, México, DF, 1999.

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