Bisexualidad: Hacia una teoría comparativa de las identidades y de la cultura



Por Gilbert Herat y Andrew Boxer



1 Cuatro nociones de bisexualidad 

2 Identidad sexual y bisexualidad 

3 Sistemas de identidad culturales 

4 Primer paradigma: Los sambia de Papúa Nueva Guinea 

5 Segundo paradigma: adolescentes urbanos de Chicago 

6 Conclusión 





La comprensión del comportamiento sexual y de la identidad en el ser humano se ha visto perturbada por el desconcierto causado por algunos problemas poco usuales en la conceptualización y representación de la relación entre el potencial y la expresión eróticos, por un lado, y el desarrollo de la identidad y el entorno social por el otro; en ningún otro lugar estos problemas son más confusos que en la “bisexualidad”.




1. Cuatro nociones de bisexualidad.




Podemos hablar de cuatro dimensiones de la “bisexualidad”:

1. Bisexualidad biológica atracción sexual por ambos sexos como impulso innato
2. Bisexualidad psicológica relaciones con ambos sexos como autofunción 
3. Bisexualidad conductual relaciones con ambos sexos como conducta interpersonal
4. Bisexualidad cultural relaciones con ambos sexos como idea cultural.


Los primeros trabajos del siglo XIX, están relacionados en particular con los factores biológicos de la bisexualidad y de la inversión. Por el contrario los trabajos contemporáneos se centran en el segundo y tercer nivel. El cuarto nivel es el más reciente y el más difícil de cartografiar. Las razones de esto se deben a la conceptualización de la “identidad” en calidad de concepto sociopolítico de fines del siglo XX que articulaba la diversidad social y la heterogeneidad sexual en las sociedad complejas, en un período en el que estudiosos tales como Erikson trataban de depurar el desarrollo de género en la sociedad durante los intensos controles sociales que siguieron al comienzo de la Guerra Fría.

En el primer nivel la idea de bisexualidad está fuertemente relacionada con la sexología médica. 

En el segundo nivel la bisexualidad psicológica se ha conceptualizado a veces para designar áreas de autofunción y regulación en cada uno de los varios y distintos niveles del desarrollo biológico y psicológico. La noción “folk” de la bisexualidad libidinal de Freud trata de situar el potencial de la atracción sexual en los dos sexos como parte de una imagen “tenazmente consistente” de la naturaleza humana. 

El surgimiento de la idea de la bisexualidad psicológica está fuertemente relacionado con el discurso psicoanalítico y psicológico sobre la sexualidad, y esto ha tendido a patologizar los fenómenos relevantes.

Heinz Kohut centrará su trabajo en la regulación de la autoestima en el esfuerzo del individuo para alcanzar la satisfacción al tener relaciones íntimas.

En el tercer nivel la bisexualidad ha ido indicando las relaciones sexuales interpersonales con ambos sexos. La relación sexual no suele darse con los dos sexos en el mismo lapso de tiempo. El mismo individuo puede relacionarse sólo con un sexo y no con el otro, lo que puede perdurar durante una fase significativa del desarrollo vital, para ser seguido por un “salto” hacia relaciones eróticas con el otro sexo. La bisexualidad emerge como un resultado situacional o funcional, más que como un producto de la historia del individuo. 

En el cuarto y más reciente nivel, la bisexualidad puede referirse a las ideas culturales sobre las relaciones sexuales, o a los ideales relacionados con lo que una persona decente y moral debería o no hacer con ambos sexos. Este tipo ideal de “bisexualidad cultural” se cruza obviamente con los deseos conscientes del segundo nivel, y con las interacciones conductuales del tercer nivel. Con todo, el nivel cultural permanece autónomo. En la historia del estudio de la bisexualidad, el estudio del contexto cultural y del marco histórico solía ser omitido normalmente hasta la llegada del “construccionismo social”. 


2. Identidad sexual y bisexualidad.


La identidad bisexual está relacionada con un modelo general de desarrollo de la identidad sexual y de la expresión de los deseos. La identidad sexual abarca asuntos tales como el deseo erótico, la orientación sexual, la elección del objeto sexual y el impulso sexual; y la acción sexual, prácticas y gustos eróticos, secuencias de comportamiento sexual, y estilos de vida sexuales. Si lo primero se sirve del mundo interior de la sexualidad, lo segundo evoca mucho de lo que es importante en la construcción social de la sexualidad. 

Los deseos, según trabajos recientes, se asocian a tres tipos de acción simbólica en la persona:

en el nivel de la fantasía, tal como pensar sobre los placeres y “ensayarlos” en la persona, de la manera en que John Gagnon y William Simon llaman “guiones” 

en el nivel de la formación de imágenes de objetos y representaciones, tales como las personas con las que el individuo sueña despierto 

en el nivel de participación en la actividad cultural, cuando los deseos del individuo se insertan en las relaciones sociales. 

Los deseos y la identidad son en mayor medida una parte de la producción social del desarrollo del curso de la vida y sus vicisitudes en la cultura.
Las transformaciones físicas del ser sexual asociadas con el inicio de la pubertad han proporcionado durante mucho tiempo un paradigma para este tipo de modelado. La imagen de sí mismo que tiene el adolescente se ve afectada, lo mismo que los supuestos y expectativas referentes al comportamiento sexual y a las interacciones sociales.
El concepto de identidad de Freud, Anna Freud, Erikson y Robert Soller, se concibe generalmente como un proceso intrínseco, necesario para la plena formación de la persona. No se considera culturalmente constitutivo. Por el contrario, nuestro punto de vista se sitúa a medio camino entre las ideas de la identidad construida culturalmente y las ideas de la personalidad interna. Respecto a la identidad sexual nos interesa el proceso significante de la transformación de los deseos en ser sexual y en el hacer; pero lo que significamos por identidad sexual no es lo mismo que la identidad de género o la orientación sexual, como la usan otros muchos estudiosos. Así, la identidad sexual es más holística de lo que solía caracterizarse, al menos hasta que el surgimiento de la epidemia del SIDA llevó a nuevas áreas significativas de investigación y educación.


3. Sistemas de identidad culturales.


Prácticamente todos los estudios sobre la conducta bisexual o la interacción sexual han ignorado estudios significativos sobre el contexto cultural en el que se produce.
La identidad bisexual ha significado convencionalmente actos individuales o significados individuales –el nivel psicológico– más que actos sexuales en un contexto cultural, que incluiría los actos y significados individuales como dos partes de un todo. La bisexualidad es un sistema de identidad que debe ser descrito incluyendo el contexto histórico-cultural y las acciones individuales.

Así consideramos la bisexualidad como una serie de categorías de identidad (heterosexual/homosexual; gay “normal”) conceptualizada como sistema cultural. Este sistema une características y componentes de la experiencia de las personas individuales con su conducta en los contextos y redes sociales. 


4. Primer paradigma: Los sambia de Papúa Nueva Guinea. 


El tema general de este trabajo era mostrar la relación entre el contexto social y las prácticas sociales, y el despliegue del deseo y comportamiento sexual. Las relaciones sexuales dentro del mismo sexo en particular han sido objeto de estudio debido a su práctica generalizada, universal entre los varones sambia en el primer desarrollo, de relaciones entre varones mayores y jóvenes no casados. En origen estas prácticas se llamaron “homosexualidad ritualizada”, y “comportamiento homosexual ritual”.
La homosexualidad ha sido especialmente problemática para los antropólogos porque nos hemos dividido respecto a si es o no una condición universal o local de la cultura y de la “naturaleza humana”.


Está claro hoy, gracias a los estudios sobre los sambia, que debemos colocar el término “homosexualidad” entre comillas debido a que la teoría folk confunde las distinciones entre tipos de identidad cultural y tipos de práctica sexual. Lo que se consideraba una entidad unitaria – homosexualidad– es, de hecho, no una sino varias “especies” de relaciones dentro del mismo sexo. Difieren no sólo en su forma simbólica, sino también en su naturaleza profunda.


Estas formas “tradicionales” de prácticas eróticas dentro del mismo sexo culturalmente convencionalizadas como las que se dan entre los sambia se encuentran también en otros grupos y áreas culturales del mundo.


Hay cuatro tipos de prácticas sexuales en el seno del mismo sexo que deben ser contrastados: la homosexualidad estructurada por edades, la estructurada por géneros, la estructurada por rol o clase, y la gay o estructurada igualitariamente. En el área austro-melanesia la “edad” es la clave de la “homosexualidad cultural”. Referirse a estas prácticas como homosexualidad parece hoy irreflexivo; es mejor representar este tipo simbólico de relaciones con el mismo sexo como ritos de inseminación de los jóvenes.
Los sambia son una etnia de cazadores-recolectores, caracterizada por su inclinación hacia la guerra y el antagonismo sexual. Su sistema de parentesco establece la descendencia por la línea masculina. La división del trabajo se basa enteramente en el género. Las aldeas se basan en la segregación sexual, con casa de hombres y cabañas menstruales de mujeres. Este complejo de guerra, matrimonio y prácticas rituales crea un contexto extraordinario para el desarrollo individual y la elaboración social, que presenta una curiosa mezcla de ideas que ponen de relieve tanto el placer como la reproducción.
La relación sexual tiene tres funciones para los sambia. La primera es reproducir. La segunda es tratar de criar muchachos masculinos y la tercera es obtener placer. No privilegian la procreación sexual más de lo que privilegian otros intercambios sexuales .En la cultura sambia se desarrollan líneas paralelas de placer sexual, lo que apoya la idea de que hay múltiples funciones de la práctica sexual, siendo el placer sexual una función significativa pero no principal.


La inseminación de los muchachos termina idealmente cuando el hombre se ha casado y ha tenido un hijo. En parte debido a los tabúes, y en parte debido a que han “madurado” hasta un nuevo nivel que consiste en tener acceso sexual en exclusiva a una o más esposas. No obstante, cierto número de hombres continúa en contra de la costumbre. Se les califica como “bisexuales” después del matrimonio, en el sentido de que obtienen placer y reproducción con las esposas, pero continúan gozando del sexo oral con los muchachos, y no parecen por ello sufrir pérdida alguna de autoestima o de aprobación social. En su mayor parte casi igualan la imagen del “perverso polimorfo” según la cual se tiene una sexualidad multifacética, si bien siempre en la posición dominante al ser el inseminador activo.


5. Segundo paradigma: adolescentes urbanos de Chicago.


En 1987 y 1990 se llevó a cabo un estudio cultural y longitudinal sobre 202 adolescentes identificados como gays y lesbianas de 14-20 años de edad, y sus familias. Tomando una muestra de jóvenes étnicamente diferentes, de variedad de orígenes y de ambos géneros.


En los ambientes juveniles de Chicago, la bisexualidad tiene un significado específico, es un estado identitario discutido. La bisexualidad es una fase social y cierto paso en el desarrollo hacia la formación de personalidades y relaciones sociales identificadas como gay o lésbicas.


El sistema de significaciones de la autoidentificación como bisexual depende del entorno social y de los individuos particulares. Es raro el joven que desea los dos sexos por igual en un mismo momento de su desarrollo.


Los factores culturales que rigen el proceso general por el que se sale fuera del armario forman parte de la confianza en la bisexualidad. A los adolescentes negros y de la clase trabajadora les cuesta mucho salir de su secretismo, debido a las normas tradicionales de sus comunidades, lo que da por resultado que haya mayor tendencia de los jóvenes negros y negras a referirse a sí mismos como “bisexuales”. 
Las jóvenes anglosajonas experimentan dificultades debido a la presión del rol de género que las hace adaptarse a los estándares heterosexuales a los que las obligan sus novios y familiares. La opresión social y la represión interna se combinan, conduciéndolas a una alienación de los deseos de su personalidad.
El contacto dentro del mismo sexo entre varones adolescentes heterosexuales activos no se define “homosexualidad” y no conduce necesariamente a una identidad sexual “gay” o “lesbiana”. Muchos jóvenes adoptan este comportamiento, aunque sólo transitoriamente, ya que no coincide con sus deseos y sentimientos eróticos. La participación en experiencias heterosexuales sugiere que estaban comprobando sus propios deseos homoeróticos.


Hallamos que muchos jóvenes, presentaban una secuencia que comenzaba con una toma de conciencia de sus deseos hacia el mismo sexo, proseguían con fantasías sexuales, y progresaban hacia algún tipo de experiencia con el mismo sexo. Se comprobó sólo una diferencia de género significativa respecto a la edad de la primera actividad sexual dentro del mismo sexo .La divergencia de edades medias en las primeras experiencias sexuales con el mismo sexo, pero no con el sexo contrario, indica que, en el caso de los varones, el primer contacto sexual homoerótico suele preceder al primer contacto sexual heteroerótico. Pero, en el caso de las muchachas, la edad media de las experiencias con el mismo sexo es posterior a la edad media del primer contacto sexual con un varón.


El género está relacionado significativamente con la secuenciación de los jóvenes respecto a experiencias iniciales con el mismo sexo y con el sexo opuesto, prescindiendo de la influencia de otros factores, tales como el status de minoría, el status de empleo, o la edad de los jóvenes en el momento de la entrevista. Para los adolescentes con una actitud ambivalente su comparación con las experiencias con el sexo contrario ayudan a aclarar sentimientos.


La secuenciación de las primeras experiencias sexuales de los jóvenes no resulta relacionada a las edades en que se da por primera vez la actividad con el mismo sexo y con el opuesto, ni tampoco los sentimientos de los jóvenes respecto a estas primeras experiencias. Más bien es el género el que juega un rol clave en la secuenciación de las primeras relaciones con el mismo sexo y con el opuesto, independientemente de otros factores.
Los muchachos revelaron que solían buscar experiencias heterosexuales, mientras que las muchachas solían describir el sexo heterosexual como algo que sólo les había ocurrido a una edad temprana. Es posible que la presión y la coerción sexual experimentada por las mujeres por parte de los varones heterosexuales las predisponga a una secuencia heterosexual/homosexual, como consecuencia de crecer en una sociedad en la que las mujeres se encuentran con estas experiencias mucho más corrientemente que los varones. La socialización de las jóvenes las prepara tradicionalmente para experimentar su sexualidad de forma pasiva, no activa. La actividad heteroerótica inicial de las muchachas puede servir de base de comparación que facilita la transición a las identidades lesbianas. Por primera vez pueden expresar lo que quieren desear en cualidad de agentes de sus propios deseos.
Los varones pueden experimentar expectativas culturales y familiares mayores en cuanto a un comportamiento heterosexual, que los empuja a comprometerse y a experimentarlo sin importar cuáles sean sus deseos.


Los jóvenes luchan por ir más allá del sentimiento de ocultación y de remordimiento, enfrentándose por primera vez al modo de relacionar sus experiencias a las prácticas y estructuras existentes en la cultura. El temor a ser “realmente bisexuales” y no gay o lesbiana es importante por dos razones fundamentales. Lo bisexual representa la mediación, pero, como una especie nueva del siglo XX, el hedonista liberado, el “bisexual” media ente el “gay” y el “normal” en el naciente sistema cultural de la sexualidad en los Estados Unidos. Aquí, el nuevo énfasis se centra en una ideología del hedonismo. Pero hay otro factor: el sentido que da a “salir fuera”. Aquí, es en este sentido en el que la “bisexualidad” contemporánea representa estados de devenir y de ser que son transitorios: la esencia de paso liminal para los individuos y las culturas. 


6. Conclusión.


Hemos sugerido cuatro perspectivas de la bisexualidad que pueden ser contrastadas. Con la excepción del primer nivel biológico, los otros tres son decisivos en la investigación social y conductual sobre la sexualidad y los estudios recientes sobre la salud y las enfermedades de transmisión sexual. Hemos sugerido que los conceptos de deseo e identidad han sido mezclados en la teoría sexual hasta hace poco tiempo, y la identidad sexual ha tenido un significado flotante, que mina la naturaleza de los datos empíricos relacionados con el desarrollo observado, al menos en las poblaciones urbanas occidentales. Con frecuencia la cultura ha sido dejada de lado en la descripción de estos fenómenos. Esto ha causado que la investigación sobre la bisexualidad haya omitido el estudio de la acción cultural y del contexto histórico en su sistema total de análisis. Afirmamos que esto ha sido un error fundamental en la modelación e investigación científica de las pasadas generaciones. Habrá que dedicar nuevos esfuerzos a investigar los contextos histórico y cultural de las identidades bisexuales, de la interacción sexual, y de las culturas sexuales en el ámbito occidental y en el no occidental, con el fin de comprender ulteriormente la significación de la conducta bisexual para toda la especie humana.


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