martes, 29 de agosto de 2017

¿Cómo ser una aliada de las lesbianas trans?


por Julia Serano. Traducción libre de Akntiendz Chik.

“Destruye el mito de la interna y la externa” responde Julia Serano.


La autora que marcó un antes y un después en el nuevo transfeminismo dedica un libro entero en 2014 a la exclusión de lesbianas trans y mujeres bi trans del feminismo y los movimientos de tortas, bollos o lesbianas [queer women.]
En el capítulo 10 de su libro, ‘Excluidas’ [Excluded] Julia Serano resume en un sólo punto su recomendación para quienes tienen la intención de hacer que los espacios de tortas, bollos o lesbianas cis, sean auténticamente inclusivos para las tortas, bollos o lesbianas trans: destruir el mito de la interna y la externa.
Julia amplía el concepto de esta manera,
“El mito es muy simple: se asume que las mujeres cis están perpetuamente en el interior de las comunidades de tortas, mientras que las mujeres trans se encuentran perpetuamente en el exterior, tratando de entrar.”
A continuación la autora pasa a desmontar el mito a través de una serie de reflexiones que como siempre nos traen una mayor claridad en los temas transfeministas, enfocados en esta ocasión en la necesidad de comunidad para las tortas trans así como de coherencia con sus principios feministas para las comunidadesde tortas cis.
Y pues, aunque este texto no significa que hayamos comenzado en forma con la traducción del libro, desde Akntiendez Chik sí decidimos dedicar buena parte del fin de semana a traducir este capítulo, por considerar lo valioso de este análisis y lo actual que se ha vuelto en nuestras propias vidas.
Aquí les dejamos un capítulo completo del nuevo libro de Julia Serano, porque ya fue suficiente eso de e quedar siempre ‘afuera!’  ;)

‘Cómo ser una Aliada de las Mujeres Trans’
Capítulo 10 del libro de Julia Serano, ‘Excluded. Making Feminisn and Queer Movements More Inclusive.’ (Excluidas. Haciendo el Feminismo y los Movimientos de Tortas, bollos o lesbianas más Inclusivos.” Traducción libre de Akntiendz Chik.

Desde hace muchos años, un foco importante de mi activismo ha sido el desafiar el modo en que las mujeres trans son a menudo excluidas de, o se les hace sentir que son irrelevantes dentro de los espacios de tortas. Debido a que me he manifestado tan abiertamente sobre el tema, la gente a veces me pide consejo sobre cómo pueden hacer que su espacio u organización haga sentir a las mujeres trans que realmente son bienvenidas en dichos espacios. A veces les ofrezco sugerencias que aplicarían prácticamente a cualquiera que quisiera ser una buena aliada para cualquier minoría o grupo marginado: Edúcate en los temas que tienen que ver con las mujeres trans, llama la atención a quienes muestren actitudes transfóbicas y transmisóginas dentro de tu propia comunidad, permite que las mujeres trans tengan una auténtica voz más allá de actuar como representantes simbólicas de lo incluyentes que se supone que son en tu comunidad, no proyectes sobre nosotras lo que crees que sabes acerca de nosotras, escucha lo que tenemos que decir acerca de nuestras propias vidas y nuestras perspectivas acerca de las mismas, incluso si difieren de las tuyas, y así sucesivamente. Por supuesto, éstas son nada más sugerencias generales a manera de remiendos de pronta aplicación, pero cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que en realidad no alcanzaban a llegar a la raíz del problema. Así que últimamente he intentado reducir mi propio discurso acerca de “cómo ser una aliada de las mujeres trans” a un sólo punto muy simple: Destruye el mito de la interna y la externa.

El mito es muy simple: se asume que las mujeres cis están perpetuamente en el interior de las comunidades de tortas, mientras que las mujeres trans se encuentran perpetuamente en el exterior, tratando de entrar. Este es el por qué las mujeres cis que tienen un problema con que haya mujeres trans en sus comunidades tienden a retratarnos como infiltradas, intrusas, o imitadoras -esencialmente, “hombres” que se sienten con derecho y tienen la audacia de querer participar en una comunidad de mujeres a la que además supuestamente no entendemos. Esta suposición ignora el hecho de que las mujeres trans han sido parte de las comunidades de tortas por lo menos desde la década de 1960, y está visto que no tenemos planes de irnos a corto plazo. Más importante aún, el mito de la interna y la externa ignora el hecho de que prácticamente todas nosotras -seamos cis o trans- comenzamos nuestras vidas fuera de la comunidad de tortas.

Casi todas nosotras crecimos en familias heterosexuales. Nuestros años de formación los pasamos navegando como pudimos para encontrar nuestro camino a través de las escuelas predominantemente hetero y las comunidades donde nos hicieron sentir vergüenza y el estigma acerca de nuestro género y nuestros deseos sexuales.

Al igual que muchas tortas, pasé mi adolescencia en el armario, sintiéndome aislada y asustada. No me atrevía a contarle a nadie sobre mis primeras fantasías, que invariablemente me involucraban a mí (como una chica) besándose con otra chica de la que estaba enamorada en mi escuela primaria o secundaria. Como adulta joven, experimenté un poco con los hombres, pero la mayor parte de mis relaciones fueron con mujeres que se consideraban a sí mismas tortas. Finalmente, llegué a salir del armario ante todo el mundo que formaba parte de mi vida como una mujer que ama a otras mujeres. En estos días, cuando me muevo por el mundo, la gente en general, me percibe y me trata como a una torta, ya sea porque me presento abiertamente como torta, o porque estoy con una pareja mujer, y/ o debido a mi naturaleza un tanto masculina [tomboy’]. En otras palabras, mi historia no es realmente muy diferente a la de la torta cis común y corriente, excepto por el hecho de que (a diferencia de ella) yo fui forzada en contra de mi voluntad a vivir una infancia y una adolescencia como chico. Y al igual que las demás tortas auto-empoderadas, no acepté dócilmente el futuro que otros habían trazado para mí. En lugar de eso, seguí mis propios deseos, creando mi propio camino, al igual que lo han hecho mis hermanas tortas cis. Y creo que compartimos un objetivo común fundamental: encontrar una red de apoyo fuera de la corriente dominante centrada en el hombre hetero, donde por fin podemos sentir que tenemos poder y nos podemos afirmar como mujeres que aman a otras mujeres.

Mucha gente en nuestra cultura expresa actitudes negativas hacia las mujeres trans. Comentar o despotricar sobre lo enfermas o peligrosas o desagradables o confundidas o falsas o patéticas o ridículas que supuestamente somos. Pero, sinceramente, cuando la gente hetero hace esos comentarios, claro que me molesta, pero no me duele tanto como cuando una torta dice las mismas cosas. La razón de esto es simple: hace mucho tiempo que me di por vencida tratando de encajar dentro de la mayoría hetero. Pero las tortas son mi comunidad elegida. Así que cuando la gente hetero me falta el respeto, se siente como si viniera de un extraño. Pero cuando las tortas lo hacen, se siente como un rechazo de la familia.

Por desgracia, el mito de la interna y la externa crea diferencias en cómo son tratadas las mujeres cis y trans dentro de las comunidades de tortas. Recuerdo haberle preguntado a una amiga torta cis sobre cómo se sintió la primera vez que se aventuró en el espacio de tortas, y su respuesta fue similar a lo que la mayoría de nosotras probablemente diría: Dijo que se sentía entusiasmada y al mismo tiempo nerviosa. Entusiasmada por las posibilidades que el espacio anticipaba, pero nerviosa porque, hasta ese momento, ella había sido una completa externa allí. Mi amiga cis estaba preocupada de que pudiera decir algo incorrecto, ser vista como despistada, que no pudiera ser aceptada o tomada en serio. Pero se encontró con que con el paso del tiempo fue recibida y aceptada con cariño. Las tortas más antiguas la veían como una versión más joven de sí mismas y la llevaron bajo su ala. La llamaban la “torta bebé”, un término peyorativo es cierto, pero que implicaba que era inevitable que eventualmente crecería y se convertiría en una torta asumiendo su identidad como tal. Las tortas más establecidas eran pacientes con ella y le daban el beneficio de la duda.

A las mujeres trans rara vez se les concede el beneficio de la duda. A veces somos excluidas de forma explícita. Más a menudo en estos días, se nos permite participar como una formalidad, pero nunca se nos hace sentir que realmente somos bienvenidas. A veces se siente como que hemos sido colocadas bajo una doble observación tipo libertad condicional: Se nos tolera hasta que decimos o hacemos algo mal o que puede ser mal interpretado de alguna manera. Y tan pronto como lo hacemos, otras lo atribuyen no a nuestra ingenuidad o al hecho de que simplemente tenemos una perspectiva diferente, sino que lo verán como los vestigios de la manifestación omnipresente de nuestro privilegio masculino, de la socialización, y / o de nuestra tan temida “energía masculina.” En otras palabras, utilizarán el incidente ocurrido para representarnos como las de afuera.

Por otro lado, cuando las mujeres trans son aceptadas abiertamente en espacios de tortas, por lo general ésto ocurre a pesar de nuestra condición de mujeres trans en lugar de a causa de la misma. En otras palabras, se espera que minimicemos o incluso que ocultemos nuestras historias como mujeres trans, así como nuestras perspectivas y cuerpos, con el fin de mezclarnos sin más con la mayoría cis. Esto sucede en marcado contraste con la forma en que nuestros homólogos en el espectro FTM o mujer a hombre a menudo son bien recibidos, abrazados, incluso celebrados, porque son trans, por la diferencia que aportan a los espacios de tortas.

He escuchado a muchos hombres trans quejarse de cómo son “fetichizados” por algunas tortas. Como alguien que a menudo es “fetichizada” por los hombres cis, me identifico con lo molesto o invalidante que esto puede llegar a ser. Dicho esto, hay algunas cosas que son peores que ser “fetichizados” en los espacios de tortas -por ejemplo, ser desexualizadas en esos espacios -no ser consideradas como sujeto legítimo de deseo femenino de parte de otras tortas. Lamentablemente, así es cómo a menudo son vistas las mujeres trans. Y si bien hay un sin número de grupos de apoyo para tortas cis que están en relaciones con chicos trans, prácticamente no hay recursos para, o incluso no hay discusiones sobre, tortas cis que forman pareja con tortas trans. A veces, otras incluso tratan a nuestras parejas cis como si hubieran sido infectadas por nuestros “gérmenes de mujer trans.”

Debido a que las mujeres trans son vistas como las forasteras perpetuas, las demás a menudo asumen que nunca podremos ‘convertirnos realmente’ en mujeres. Por ejemplo, a pesar de que en mi caso realicé la transición hace ocho años, de vez en cuando, cuando hablo con mi mamá, ella me pregunta: “Entonces ¿cómo vas con tu transexualismo?” Como si ser mujer fuera un objetivo que siempre estuviera tratando de alcanzar, pero que nunca podré conseguir plenamente. Aunque, lo admito, cuando ella lo dice suena ciertamente a algo lindo. Sin embargo, cuando no viene de mi madre, esta suposición puede ser infinitamente frustrante para mí viniendo de las comunidades de tortas. No importa cuánto tiempo haya estado viviendo como la mujer que soy, o cuántos libros sobre lesbianismo o feminismo para tortas haya yo leído (o escrito), todavía sucede que me encuentro con mujeres cis que se dirigen a mí como si yo no supiera nada acerca de nuestra comunidad en absoluto. Así que cuando me quejo de algunos comentarios transfóbicos o transmisóginos de parte de alguna torta, a menudo se me dice que debo estar equivocada, o que tal vez soy demasiado sensible. Incluso puede suceder que se pongan a darme lecciones sobre cómo yo debería ser paciente con la mujer en cuestión, porque ella ha sido oprimida por el patriarcado (¡como si yo no hubiera sido oprimida por el patriarcado!)

A veces me pongo a bromear con las amigas diciéndoles que estoy a tan sólo una mala experiencia más de convertirme en una torta trans separatista. Las demás siempre se ríen cuando digo ésto por lo absurdo que suena. Hay simplemente demasiado pocas mujeres trans en el mundo como para crear un movimiento separatista viable. Y aunque encuentro que las mujeres trans son extremadamente sexys, no tengo ningún deseo de limitar mi libro de citas únicamente a las mujeres trans. Y aunque creo que las mujeres trans tienen comprensiones y conocimientos que son cruciales (y subestimados) acerca del género y el sexismo, no creo que nosotras (y sólo nosotras) tengamos todas las respuestas. De hecho, no creo que ningún grupo pueda tener todas las respuestas, porque cada una de nosotras vive en diferentes cuerpos. Tenemos diferentes historias, diferentes predisposiciones, y cada una de nosotras se ubica en la intersección de diferentes privilegios y formas de marginación.

Así que cuando me preguntan qué se puede hacer para ser mejores aliadas de las mujeres trans, les digo que lo más importante que pueden hacer es ayudar a trabajar para la creación de nuevas comunidades de tortas: comunidades que celebren la diferencia y no sólo la semejanza; comunidades donde todas somos escuchadas y valoradas por nuestras perspectivas únicas; comunidades donde cada persona es vista como un sujeto legítimo de deseo; comunidades en las que nuestras expresiones y presentaciones de género no son vigiladas; comunidades donde las lesbianas “estrella de oro” (1) no sean vistas como mejores que las mujeres bisexuales comprometidas con el grupo, y donde las mujeres trans no sean vistas como menos legítimas que las mujeres cis; comunidades que reconozcan que las mujeres que aman a otras mujeres pueden tomar un número infinito de diferentes caminos en sus vidas para al fin llegar allí. Trabajemos juntas para construir nuevas comunidades de tortas donde a todas nosotras, a pesar de las diferencias superficiales en nuestros cuerpos e historias, se nos de el beneficio de la duda.
___________
(1) “Lesbiana Estrella de Oro” es la jerga torta para designar una lesbiana que nunca jamás ha tenido un encuentro sexual con un hombre. Dentro de ciertos círculos, el estatus de “estrella de oro” está asociado con ser más pura o auténticamente lesbiana que las que previamente han tenido experiencias sexuales con hombres. No hace falta decir, es un concepto altamente monosexista.

[*Al traducir en este contexto los términos ‘queer’ y ‘queer women’ lo hemos hecho como bollos, tortas o lesbianas, buscamos darle un sentido similar al que emplea “Autostraddle” la revista feminista internacional más leída entre las lesbianas, cuando dice ‘queer women’ para referirse a quienes son mujeres lesbianas, tortas o bollos, sean cis o trans, dejando espacio a otras identidades afines.]

viernes, 11 de agosto de 2017

Cuando las lesbianas de Canadá dijeron sí al feminismo y NO a las lesbianas trans.

Cuando las lesbianas de Canadá dijeron sí al feminismo y NO a las lesbianas trans.

En 1978 la primera organización lésbica canadiense la L.O.O.T., Lesbian Organization of Toronto realizó su primera exclusión documentada de una lesbiana trans. O, ¿por qué la identidad lésbica feminista parece haberse construido en parte sobre las vidas marginadas de las lesbianas trans excluidas y borradas a lo largo de 40 años?

La Organización Lésbica de Toronto, L.O.O.T. la primera y más importante de Canadá, hizo muchísimo por las lesbianas en general entre los años de 1976 a 1980 brindándoles apoyo, contención, espacios para reunirse y conocerse,  información, recursos culturales, activismo e identidad. Abarcaba una diversidad de miradas pero en una de las pocas veces en que se trataron temas con toda la colectiva, en 3 cosas estuvieron de acuerdo como quedó documentado en sus actas traídas a la actualidad por la académica Becki L. Ross en su libro, 'La Casa que construyó Jill: La Nación Lesbiana en formación' (The House that Jill Built: Lesbian Nation in Formation, 1995), la condena a las relaciones sexuales entre adultos y menores, la lucha contra la homofobia y la exclusión de las lesbianas trans.

"La L.O.O.T. era sólo para mujeres nacidas mujeres ('womyn-born womyn') -escribe Ross- "Una solicitud formal para ingresar a la organización fue hecha por una lesbiana transexual de hombre a mujer (sic) en 1978. En respuesta, la organización votó por excluir a las mujeres trans. Durante la discusión informal, las integrantes de la L.O.O.T. expresaron su indignación de que lo que para ellas era 'una criatura del cambio de sexo un él.. se atreviera a definirse a sí mismo (sic) como una mujer  y una lesbiana.' En su respuesta oficial pública la L.O.O.T. escribió, "La voz de una mujer casi nunca ha sido escuchada como la voz de una mujer -siempre ha sido filtrada a través de las voces de los hombres. Así que ahora viene un tipo y se aparece diciendo, 'Ahora yo voy ser una chica y voy a hablar por las chicas.' Y nosotras pensamos, 'No, no lo vas a hacer.' Una persona no puede sencillamente unirse a las colonizadas por mandato."


La Organización Lésbica de Toronto, L.O.O.T. marchando por el Día de la Mujer, 1980. (Foto Joan Anderson)
 

Las mujeres trans son mujeres y las lesbianas trans, lesbianas, y como tales, han tenido que sobrevivir apartadas de lo que debería haber sido su comunidad, o al menos una de sus principales comunidades, como una más, no como una externa sobre la cual las 'internas' o 'auténticas' mantienen el poder de veto sobre su lesbiandad.

Además; esta exclusión recuerda otra más marcada, la de Beth Elliot en 1973 ya que en su caso se trató de una de las impulsoras de la primera organización histórica lésbica de California, Las Hijas de Bilitis (DOB por sus siglas en inglés) de la cual llegó a ser vicedirectora y editora de su revista, Sisters, Elliot una lesbiana transexual más que aceptada como una más entre sus compañeras, pasó a ser 'el enemigo' y 'un agente del patriarcado infiltrado entre las lesbianas' con la llegada del feminismo radical trans excluyente y fue expulsada públicamente a mitad de una presentación en un encuentro de la organización que ella misma había ayudado a fundar.

Preparado por Akntiendz Chik.
Con información de,
https://www.thefreelibrary.com/House+that+Jill+built%3A+a+lesbian+nation+in+formation.-a030438491
https://en.wikipedia.org/wiki/Lesbian_Organization_of_Toronto#cite_note-ross1995-11
http://riseupfeministarchive.ca/activism/organizations/lesbian-organization-of-toronto-loot/
Referencias a Beth Elliot a lo largo de nuestro blog  www.akntiendz.com

miércoles, 19 de julio de 2017

Hacer el tránsito es como lanzarse al vacío


Activista trans, Dorian hace pedagogía sobre las identidades no binarias. Investiga la relación entre género y lenguaje
Fuente: elperiodico.com


 Olga Merino

@olgamerino

Hace apenas unos meses, decidió desvelar su identidad trans y pasar a ser conocida como Dorian (Tarragona, 1998). Estudia Traducción e Interpretación, con japonés e inglés, en la Universitat Autònoma.

–¿Cómo debo dirigirme a usted? De tú y en femenino.

–¿Dorian? ¿Por qué? Lo elegí porque es un nombre neutro y porque me recuerda a El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Me gusta jugar con la idea de la eterna juventud: como no tengo barba y mi cara es infantil, parece que me esté volviendo joven desde que hice el clic del cambio.

–¿Puede explicar el género no binario? No soy ni hombre ni mujer, sino otra cosa. Yo me identifico como género no binario, y somos bastantes. Un reciente estudio en EEUU demuestra que un tercio de la comunidad trans se considera no binaria.

Dorian. Activista trans no binaria

–Ajá. Algunos no lo comprenden, pero yo tampoco entiendo el chino ni lo hablo y no por ello dudo de su existencia. Que no lo entiendan no les legitima para faltarme al respeto

–¿Cómo se articula eso en la vida diaria? Es bastante complicado porque la gente tiende a leerte de una forma o de otra. Cuando entro en un bar, parecen más interesados en preguntarme «qué eres» en lugar de «qué quieres tomar».

–¿Qué es lo más difícil de gestionar? Hacer el tránsito es como lanzarse al vacío; no sabes si hay salida, si vas a tener un entorno que te apoye. A veces, nos usan como fetiche mediático. Pero las mujeres trans lo tienen mucho más difícil.

–Yo le leo como chico. No sé si debo. [Se ríe] Es difícil no encasillar de forma no binaria a la gente, pero se puede desaprender. Mi apariencia física es masculina, aunque me identifico más con los valores femeninos: reivindico la sensibilidad, soy protectora y procuro no ser agresiva.

–Ya. A mí me leen como lesbiana muy masculina o bien como hombre gay, pese a que no oculto mis pechos. Y le aseguro que el trato como varón es muy diferente.

–Explique, por favor. Como hombre me siento más segura en el espacio público. Y noto que me interrumpen menos en las conversaciones.

–¿Cuándo empezó el cuestionamiento? Durante la infancia no me lo planteé para nada y me sentía cómoda como mujer, aunque era bastante antidiademas.

–¿Sufrió acoso en la escuela? En absoluto. Fue una infancia bastante tranquila; tuve suerte en ese aspecto.

–¿Cómo se lo tomaron en casa? Al principio, les costó, porque vengo de una familia muy tradicional.

–¿Se lleva peor en las zonas rurales? Tiene sus ventajas. Aunque la mentalidad suele ser más conservadora y faltan espacios LGTB, te sientes más segura que en el espacio anónimo de la ciudad; la gente se lo piensa dos veces antes de agredirte.

–¿Se ha sentido sola? Es un camino que debes hacer solo. No he sentido abandono, pero sí la falta de alguien al lado que esté pasando por el mismo proceso… Algunas de mis amigas de la infancia, las menos, han cortado completamente el contacto conmigo.

–¿Le molesta que la haya entrevistado? Se me hace raro, porque considero que mi vida no es tan interesante, pero al mismo tiempo me siento con cierta responsabilidad moral, sin que suene pedante. Me he visto con tal falta de referentes que me parece necesario ir abriendo camino.

lunes, 3 de julio de 2017

Manifiesto de la Guerrilla Travolaka (2006)

Recordando un texto que conocí por el año 2008:

“Queremos apoderarnos del género, redefinir nuestros cuerpos y crear redes libres y abiertas donde poder desarrollarnos, donde cualquiera pueda construir sus mecanismos de seguridad contra las presiones de género. No somos víctimas, nuestras heridas de guerra nos sivern como escudo… Nos presentamos no como terroristas, sino como piratas, trapecistas, guerrilleros, RESISTENTES del género… Defendemos la duda, creemos en el “volver atrás” médico como un seguir hacia adelante, pensamos que ningún proceso de construcción debe tacharse de IRREVERSIBLE. Queremos visibilizar la belleza de la androginia. Creemos en el derecho a quitarse las vendas para respirar y el de no quitárselas nunca, en el derecho a operarse con buenos cirujanos y no con CARNICEROS, en el libre acceso a los tratamientos hormonales sin necesidad de certificados psiquiátricos, en el derecho a auto-hormonarse. Reivindicamos el vivir sin pedir permiso… Ponemos en duda el protocolo médico español que desde hace años establece unas pautas absurdas y tránsfobas para cualquier ciudadano que desea tomar hormonas de su “sexo” contrario. No creemos en las disforias de género, ni en los trastornos de identidad, no creemos en la locura de la gente, sino en la locura del sistema. No nos clasificamos por sexos, nosotros somos todos diferentes independientemente de nuestro genitales, nuestras hormonas, nuestros labios, ojos, manos… No creemos en los papeles, en el sexo legal, no necesitamos papeles, ni menciones de sexo en el DNI, creemos en la libre circulación de hormonas (que de hecho, ya existe…). No queremos más psiquiatras, ni libro de psiquiatras/psicólogos, no queremos más “test de la vida real”… no queremos que nos traten como enfermos mentales…, por que no lo somos… ¡y así es como nos llevan tratando desde hace mucho tiempo! Creemos en el activismo, en la constancia, en la visibilidad, en la libertad, en la resistencia…”

lunes, 8 de mayo de 2017

Travestis: una identidad política

Por Lohana Berkins

Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT)



1.Cómo nos decimos: las travestis en Latinoamérica

En esta ocasión me voy a referir a las condiciones de vida, movilización política y demandas de las travestis (2) latinoamericanas, con especial énfasis a la situación en Argentina.

Deseo que mi intervención contribuya a la construcción de la memoria del travestismo latinoamericano. Creo que las travestis tenemos una historia para contar y para hacer. Es decir, experiencias en primera persona para contraponer a los discursos que han circulado sobre nosotras.

A partir de la última década del siglo XX el travestismo ha concentrado la atención de la opinión pública latinoamericana. Me refiero a que el travestismo irrumpió en el espacio público de la mano de discursos biomédicos, policiales, sociológicos, jurídicos, políticos y periodísticos que funcionaron como disparadores en algunas ocasiones para discutir y en otras oportunidades para reforzar las dinámicas desigualadoras relacionadas con la identidad de género, la sexualidad, la raza, la clase social, la etnia, la religión, la edad, la ideología en diferentes contextos. De modo que cuando pensamos en el travestismo latinoamericano pensamos en un fenómeno complejo y dinámico y nos referimos a sujetas atravesadas por relaciones de privilegio y opresión propias de cada sociedad y de cada momento histórico particular.

Las y los médicos y las y los psicoanalistas han definido a las travestis como hombres que se visten con ropas correspondientes a las mujeres. Nosotras resistimos esta definición que no da cuenta del modo en que nosotras nos pensamos y las maneras en que vivimos.

En la década de 1990, cuando las travestis comenzamos a alzar nuestra voz en público y a organizarnos (3), decidimos que una de las primeras cuestiones en las que teníamos que concentrar nuestros esfuerzos colectivos era en resignificar el término travesti, que hasta el momento tenía connotaciones negativas para las y los otros y para nosotras mismas. El término travesti ha sido y sigue siendo utilizado como sinónimo de sidosa, ladrona, escandalosa, infectada, marginal. Nosotras decidimos darle nuevos sentidos a la palabra travesti y vincularla con la lucha, la resistencia, la dignidad y la felicidad.

De manera que las travestis nos esforzamos por articular los sentidos políticos de la palabra travesti, que designa a unas sujetas, nosotras, que nos enfrentamos en diferentes momentos y espacios a unas y unos adversarios, las y los fundamentalistas, las y los autoritarios, las y los explotadores, las y los defensores del patriarcado y de la heteronormatividad. Como nuestra comprensión de la identidad travesti cuestiona la noción de identidades como límites, las presentes reflexiones no pretenden invalidar otras experiencias subjetivas y relacionales, otras formas alternativas de vivir y entender el travestismo.

Las travestis somos personas que construimos nuestra identidad cuestionando los sentidos que otorga la cultura dominante a la genitalidad. La sociedad hace lecturas de los genitales de las personas y a estas lecturas le siguen expectativas acerca de la identidad, las habilidades, la posición social, la sexualidad y la moral de cada persona. Se considera que a un cuerpo con un pene seguirá una subjetividad masculina y a un cuerpo con una vagina seguirá una subjetividad femenina. El travestismo irrumpe en esta lógica binaria que es hegemónica en las sociedades occidentales y que oprime a quienes se resisten a ser subsumidas y subsumidos en las categorías “varón” y “mujer”.

Por supuesto, las travestis estamos atravesadas por contradicciones, paradojas y tensiones, tal como sucede con todos los sujetos sociales. Así, aunque algunas de nuestras prácticas contribuyen a desestabilizar la lógica binaria de sexo-género, al construirnos en femenino con frecuencia recurrimos a valores y símbolos culturales que reproducen a la feminidad y a las mujeres concretas como subordinadas.

Sin embargo, discutimos el argumento formulado por algunos feminismos que desvalorizan al travestismo sosteniendo que reproduce estereotipos sobre las mujeres y que refuerza la feminidad tradicional. En primer lugar, si bien es cierto que la construcción de las subjetividades y corporalidades travestis recurre a normas y emblemas ligados a la feminidad hegemónica (¡porque no vivimos en una cápsula de vacío!), a través de este proceso esas reglas y atributos son resignificados y desequilibrados (Butler, 1990). En segundo lugar, consideramos que no hay sujetas ni sujetos que estén obligados a cargar sobre sus espaldas el deber ineludible de subvertir las normas de género. Creemos que esta es una lucha política que se elige y muchas travestis ya nos encontramos librando esta batalla por convicción feminista.

La desestabilización de la oposición y complementariedad entre lo masculino y lo femenino y de los vínculos históricamente construidos entre biología y subjetividad operada por la lucha de las travestis para ser reconocidas como sujetas es sancionada a diario. Considero que un análisis del travestismo necesariamente debe considerar la criminalización de la identidad travesti y las consecuencias en la vida cotidiana y en la subjetividad de las compañeras travestis. Por un lado, el Estado es el principal violador de los derechos de las travestis, por acción u omisión. Por otro lado, la desvalorización social se expresa a través de los insultos y estereotipos, que sistemáticamente remiten a las travestis a un supuesto origen biológico masculino e impugnan nuestras posibilidades de existir en nuestros propios términos.



2.Las travestis en Latinoamérica: cómo vivimos.

Nosotras sostenemos la identidad travesti no sólo recurriendo al regionalismo lingüístico, sino a circunstancias y características que hacen del travestismo un fenómeno diferente de la transgeneridad norteamericana y europea.

En primer lugar, las travestis vivimos circunstancias diferentes respecto de las que atraviesan muchas transgéneros de otros países, quienes a menudo recurren a cirugías de reasignación de sexo y tienen como objetivo reacomodarse en la lógica binaria como mujeres o varones. Gran parte de las travestis latinoamericanas reivindicamos la opción de ocupar una posición fuera del binarismo y es nuestro objetivo desestabilizar las categorías varón y mujer.

En segundo lugar, la palabra transgeneridad se originó a partir de trabajos teóricos desarrollados en el marco de la academia estadounidense. En contraste, como mencioné anteriormente, el término travesti en Latinoamérica proviene de la medicina y ha sido apropiado, reelaborado y encarnado por las propias travestis para llamarse a sí mismas. Éste es el término en el que nos reconocemos y que elegimos para construirnos como sujetas de derecho.

Este proceso de apropiación del travestismo como lugar desde el cual alzar nuestras voces y plantear nuestras demandas constituye una lucha política. Este devenir, que incluyó momentos de tensión con la academia y con otros movimientos sociales y políticos, nos permitió proponer comprensiones alternativas del travestismo como identidad encarnada, que trasciende las políticas de la corporalidad binaria y de la lógica sexo-genérica dicotómica.

Aquí, en Latinoamérica, el travestismo se construyó un espacio propio a través de la movilización política y de la discusión con otros sujetos subordinados. Nos reconocemos por fuera de cualquier disciplina teórica que se arrogue la facultad de definirnos sin reconocer nuestra agencia y nuestro poder como sujetas en el marco de los condicionamientos sociales que nos han afectado históricamente.

Para seguir desarrollando los contrastes que encuentro entre las experiencias transgéneros de otras regiones y las particularidades del travestismo en Latinoamérica quisiera señalar a continuación algunas cuestiones ineludibles para la comprensión contextualizada de los recursos culturales y políticos con los que contamos las travestis en esta región.

Tal como señala Josefina Fernández (2004: 198), no es posible escindir la construcción de la identidad de las condiciones de existencia de las travestis en nuestras sociedades. Estas condiciones de existencia están marcadas por la exclusión de las travestis del sistema educativo formal y del mercado de trabajo. En este tipo de escenarios, la prostitución constituye la única fuente de ingresos, la estrategia de supervivencia más extendida y uno de los escasísimos espacios de reconocimiento de la identidad travesti como una posibilidad de ser en el mundo.

En una investigación realizada en el año 2005, en el curso de la cual consultamos a 302 compañeras travestis residentes en la ciudad de Buenos Aires, el Conurbano Bonaerense y la ciudad de Mar del Plata, encontramos que “el ejercicio de la prostitución callejera es la más importante fuente de ingresos para el 79.1% de las compañeras encuestadas. Aquellas compañeras que reportan otros trabajos también se encuentran en el mercado informal, sin reconocimiento alguno de derechos laborales, en ocupaciones de baja calificación y remuneración (Gutiérrez, 2005: 78).

La asociación entre travestismo y prostitución constituye una de las representaciones del sentido común más difundidas en las sociedades latinoamericanas y en la sociedad argentina en particular. En algunos discursos sociales la prostitución aparece como una elección de las personas travestis. Sin embargo, la exclusión del mercado laboral que afecta a travestis y transexuales impide plantear el asunto en términos de decisiones libres.

Uno de los elementos necesarios para comprender el recurso a la prostitución como salida casi exclusiva para asegurarse el sustento es la expulsión de las travestis del sistema educativo. Las circunstancias hostiles que marcan la experiencia de escolarización de la mayoría de las niñas y adolescentes travestis condicionan severamente las posibilidades de estas sujetas en términos de inclusión social y de acceso a un empleo de calidad en la adultez.

La investigación anteriormente mencionada refiere a la escuela como un espacio expulsivo para las travestis: “la mayoría de las travestis/transexuales ha sufrido algún tipo de violencia (91,4% de las encuestadas), la escuela ocupa el tercer puesto –después de la comisaría y la calle- en la lista de lugares en los cuales ellas han recibido agresiones” (Hiller, 2005: 98).

Una cuestión adicional que merece ser analizada es que en Latinoamérica y en nuestro país el travestismo es asumido en edades tempranas. Esta situación en el marco de una sociedad que criminaliza la identidad travesti conlleva con mucha frecuencia la pérdida del hogar, de los vínculos familiares y la marginación de la escuela. Ocurre que las niñas travestis ven interrumpida su infancia y se encuentran obligadas a vivir en un mundo de adultas y adultos con quienes deben negociar los términos de su subsistencia de diversas maneras (me refiero aquí tanto a la convivencia con travestis adultas como a las relaciones con los clientes).

En los recorridos vitales de muchas travestis encontramos a menudo que el reconocerse travestis ha implicado la experiencia del desarraigo. Las travestis adolescentes y jóvenes se ven forzadas a abandonar sus pueblos, sus ciudades, sus provincias y, en muchos casos, sus países con el objeto de buscar entornos menos hostiles, el anonimato de la gran ciudad que les permite fortalecer su subjetividad y otros vínculos sociales que las reconozcan y también un mercado de prostitución más próspero que el del pueblo o la ciudad de crianza.

Además, es en las grandes ciudades donde las travestis encuentran más oportunidades y recursos para intervenir sus cuerpos, aunque en general en contextos riesgosos e ilegales. Según los datos de la investigación que realizamos en el año 2005, “el 87.7% del total de las entrevistadas ha modificado su cuerpo. Entre ellas, el 82.2% se inyectó siliconas, el 66.3% realizó tratamientos hormonales y el 31.8% se implantó prótesis. La mayoría se realizó más de una modificación” (Gutiérrez, 2005: 80).

En lo referente a los ámbitos en los que estas intervenciones sobre el cuerpo tienen lugar el dato más significativo es la situación de vulnerabilidad: “El 97.7% de las que se inyectaron siliconas y el 92.9% de las que realizaron un tratamiento hormonal señalan que estas intervenciones se realizaron en un domicilio particular. En el caso del implante de prótesis el 35.7% refiere que concurrió a un consultorio particular y el 59.5% a una clínica privada. En estos casos, con mucha frecuencia, no existen condiciones adecuadas de asepsia, no hay internación ni control posterior de la intervención y tampoco se obtiene un recibo por el pago” (Gutiérrez, 2005: 81).

Entre las circunstancias que nos hablan tanto del contexto político y social como de algunos lugares comunes que transitamos las travestis latinoamericanas quisiera referirme especialmente a la experiencia de la muerte. En particular, a la pérdida de amigas y conocidas repetida una y mil veces. En Berkins y Fernández (2005: 12) se menciona que en una investigación que consultó a 302 travestis se relevaron 420 nombres de travestis fallecidas en los cinco años anteriores. Aproximadamente el 70% de estas travestis fallecidas tenía entre 22 y 41 años.

Estos datos nos ayudan a aproximarnos a dos cuestiones. La primera cuestión es que, a diferencia de los grupos privilegiados, para las travestis la muerte no tiene nada de extraordinario sino que es una experiencia cotidiana. La segunda cuestión es la expectativa de vivir pocos años que acompaña a la mayoría de las travestis (una perspectiva muy ajustada a la realidad, por cierto). Ocurre que faltan generaciones de travestis mayores de treinta años y que las jóvenes no conocen travestis adultas que les ayuden a entrever un momento más allá del presente inmediato y una dimensión que trascienda la individualidad.

La pérdida masiva de compañeras travestis interviene en la falta de un relato colectivo, de una memoria comunitaria que nos permita proyectarnos al futuro, afectándonos a cada una y a todas a la vez.



3.Sobre códigos contravencionales, edictos policiales, códigos de faltas y el espacio público (para algunas y algunos pocos)

Para terminar quisiera ocuparme de un aspecto adicional de la criminalización de la identidad travesti que ha sido motivo de conflictos políticos en Argentina en los últimos años. Me refiero al control de algunas poblaciones, entre ellas la travesti, que efectúa el Estado a través de edictos policiales, códigos contravencionales, códigos de faltas, todas éstas regulaciones inconstitucionales que sirven para la persecución policial de grupos sociales específicos. A través de estas regulaciones el Estado restringe el acceso al espacio público de varios grupos sociales – travestis y mujeres en situación de prostitución, cartoneras y cartoneros, piqueteras y piqueteros, vendedoras y vendedores ambulantes.

De este modo, se restringe nuestra permanencia y circulación por la vía pública y, en el caso de las travestis, esta limitación de lo público es especialmente grave porque la calle es uno de los pocos recursos con los que contamos como colectivo. No hemos tenido acceso a la educación, ni al mercado de trabajo, ni a la vivienda propia de manera que la calle es un ámbito muy relevante en nuestra vida cotidiana.

Hay un aspecto de esta pretensión de expulsar a ciertos sujetos del espacio público que no ha sido muy discutido y que me gustaría mencionar. Es el papel de la calle como escenario de la construcción de identidades. Es en este ámbito donde aprendemos a ser y donde nos desarrollamos como travestis, mujeres en prostitución, cartoneras y cartoneros, piqueteras y piqueteros, vendedoras y vendedores ambulantes. También la calle es el terreno en el que nos vinculamos con otras y otros, tejemos nuestras alianzas y nos movilizamos políticamente.

Detrás de todas las tensiones que causa nuestra presencia en el espacio de la ciudad hay un debate en curso acerca de quiénes son las y los legítimos habitantes del espacio público. Considero que detrás de los esfuerzos permanentes de regular prácticas que tienen lugar en el espacio público – tal es el caso tanto de la prostitución, como de la venta ambulante y de las manifestaciones políticas- lo que podemos encontrar es un proceso de imposición de los valores morales propios de algunos grupos sociales a toda la sociedad. Esta universalización de puntos de vista particulares constituye una práctica autoritaria que resistimos y resistiremos.

Las travestis no pretendemos imponer nuestros valores y perspectivas sino que exigimos la libertad y las condiciones materiales para vivir vidas gratificantes y plenas de derecho. Para ser ciudadanas necesitamos gozar de las mismas libertades en el espacio público que disfrutan las personas que son consideradas respetables.

Porque nuestro deseo no es alcanzar la respetabilidad, sino demoler las jerarquías que ordenan a las identidades y a las y los sujetos reconociéndonos negras, putas, palestinas, revolucionarias, indígenas, gordas, presas, drogonas, exhibicionistas, piqueteras, villeras, lesbianas, mujeres y travas, que aunque no tengamos la capacidad de parir un hijo sí tenemos el coraje necesario para engendrar otra historia.



Bibliografía:

Berkins, Lohana (2003) “Un itinerario político del travestismo” en Maffía, Diana (comp.) Sexualidades Migrantes. Género y Transgénero. Buenos Aires: Feminaria Editora.

Berkins, Lohana y Fernández, Josefina (2005) La gesta del nombre propio: Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina. Buenos Aires: Ed. Madres de Plaza de Mayo.

Butler, Judith (1990) Gender trouble. Feminism and the Subvertion of identity. New York: Routledge.

Fernández, Josefina (2004) Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad de género. Buenos Aires: Edhasa.

Gutiérrez, María Alicia (2005) “La imagen del cuerpo. Una aproximación a las representaciones y prácticas en el cuidado y la atención de la salud” en Berkins, Lohana y Fernández, Josefina (coords.) La gesta del nombre propio: Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina. Buenos Aires: Ed. Madres de Plaza de Mayo.

Hiller, Renata (2005) “Los cuerpos de la universalidad. Educación y travestismo/transexualismo” en Berkins, Lohana y Fernández, Josefina (coords.) La gesta del nombre propio: Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina. Buenos Aires: Ed. Madres de Plaza de Mayo.



5: Referencias:

1Trabajo preparado para ser presentado en el Panel Sexualidades contemporáneas en las VIII Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres/ III Congreso Iberoamericano de Estudios de Género DiferenciaDesigualdad. Construirnos en la diversidad, Villa Giardino, Córdoba, 25 al 28 de octubre de 2006.



2Por razones de espacio, no me ocuparé en este trabajo de las compañeras transexuales, quienes se ven afectadas por gran parte de las dinámicas excluyentes que nos afectan a las travestis y con quienes coincidimos en numerosas reivindicaciones. Sin embargo, la situación legal y social y las luchas de las transexuales presentan particularidades que no pueden ser subsumidas a las de las travestis.



3 Para un análisis de los principales momentos de la movilización de las travestis en la década de 1990 en Argentina, ver Berkins, Lohana (2003) “Un itinerario político del travestismo” en Maffía, D. (comp.) Sexualidades Migrantes. Género y Transgénero. Buenos Aires: Feminaria Editora y Fernández, Josefina (2004) Cuerpos desobedientes. Travestismo e identidad de género. Buenos Aires: Edhasa.



Del Libro: La Sexualidad Represora, Editorial Topia – Colección fichas para el siglo XXI – Recopilación Dr.Alfredo Grande – Bs.As.Argentina - 2008

www.topia.com.ar

domingo, 2 de abril de 2017

¿Crees que las personas transgénero refuerzan el sistema de género?


 Bueno, no te preocupes, te voy a llevar al desengaño de esa noción tan boba en tan sólo 3 pasos!
-Por Julia Serano.

1) Sabes, ¿las cosas que hacen las personas transgénero y que a tí te parece "refuerzan el género"? Bueno, las personas cisgénero también hacen esas mismas cosas y lo hacen todo el tiempo!

Ahora desde una perspectiva transexual, tales acusaciones de que nosotras refozamos o sostenemos el sistema binario nos parecen cuando menos extrañas. Por una cosa, yo no transicioné para encajar mejor dentro del sistema de género -como mujer bisexual femme-tomboy transexual, todavía es usual que me consideren una persona fuera de la norma de género. Para mí, transicionar no fue un asunto de conformarme a las normas de la sociedad, sino de autorealización, de ser la persona que yo sabía que era. De hecho, yo argumentaría que cambiar el propio sexo es visto por la mayoría de las personas como la forma más extrema de no conformarse a la norma de género en la que una se podría embarcar. Cuando salí del armario como transexual ante la gente hetero de la corriente principal de la sociedad, nunca jamás hubo nadie que me dijera, "Gracias a tí Julia, por reforzar el binario de género! Eres una ciudadana ejemplar debidamente generizada, gracias por ser tú misma!" De hecho, ocurrió exactamente lo contrario: La gente se mostró todo el tiempo molesta, o confusa, o irritada conmigo. Así que la noción de que mi género de alguna manera refuerza el sistema de género no tiene ningún sustento en mi vida cotidiana.

Pero lo que me impacta todavía más de la acusación de reforzar el sistema binario es cuán selectivamente es aplicada. Por ejemplo, nunca he escuchado a una feminista cisexual decir, "Mi madre refuerza el sistema binario," o, "Mi vecina de al lado sostiene las normas heterosexistas de género," aunque tales acusaciones puedan ser ciertas. Incluso más puntualmente, si una feminista cisexual como Janice Raymond o Bernica Hausman o Sandra Bem se llama a sí misma mujer, o realiza algo generalmente relacionado con lo que hacen las mujeres, ¿generaría grandes debates en los círculos feministas acerca de si estas personas individuales refuerzan el sistema de género?
De hecho, la mayoría de las personas que se conforman a las normas de género son cisgénero, no transgénero, entonces. ¿Así que por qué te ensañas con las personas trans?

2) La respuesta se encuentra en la distinción que se hace entre personas marcadas y no marcadas, he escrito un ensayo al respecto, pero permíteme resumirlo brevemente.

Los grupos marcados (las minorías) son puestas bajo el microscopio y vistas como sospechosas mientras que las mayorías (en este caso las personas cis) permanecen sin ser marcadas.

Sin marca es igual a desapercibido, incuestionable. Pero esto no está escrito en piedra. Déjame que me divierta un poco deconstruyendo tu argumento del 'refuerzo'.

A mí me parece claro que todo el mundo tiene una visión diferente de lo que cae "dentro" del género (y por lo tanto está mal) y lo que se encuentra "fuera" del género (y por lo tanto está bien.) He estado en espacios que son predominantemente no binarios donde he escuchado decir que cualquiera que que utilice pronombres masculinos o femeninos necesariamente refuerza el sistema de género. He escuchado en más de una ocasión a personas que se definen como bisexuales o pansexuales asegurar que las personas que se sienten exclusivamente atraídas por uno u otro sexo refuerzan el sistema binario de género. Aparentemente reforzar el sistema binario, lo mismo que la belleza, realmente está en el ojo del observador.

Hace unos pocos años, pensé en escribir un manifiesto satírico burlándome un poco del trope del "refuerzo". Iba comenzar afirmando que el sistema de género tiene sus raíces en la premisa de que si has nacido como niño, crecerás para convertirte en hombre, y si has nacido como niña, crecerás para convertirte en mujer. Y basada en esta premisa, yo argumentaría que las personas transexuales se encuentran en la línea frontal,  -a la vanguardia, si quieres- de la revolución del género, mientras que las personas cisexuales (en virtud que se rehusan a cambiar su sexo) refuerzan el sistema de género. Se que hubiera podido armar un caso convincente, y hubiera sido muy divertido escribirlo, pero al final decidí no hacerlo porque sabía que, tristemente, algunas personas probablemente pensarían que yo estaba hablando en serio.

Mientras que las personas transexuales, o bisexuales, o no binarias tienen sus propias ideas acerca de lo que refuerza o subvierte el sistema de género, tales visiones generalmente no son tomados en serio en los grupos feministas porque se considera vienen de grupos demasiado minoritarios. Sin embargo las opiniones mayoritarias son las que normalmente prevalecen. Y en un mundo donde la mayoría de las personas (y esto incluye a las feministas cisexuales) consciente o inconscientemente ven la transexualidad como ilegítima, como una farsa, y como cuestionable, aquellas de nosotras que somos transexuales somos esencialmente marcadas, y nuestros comportamientos y nuestras elecciones de vida son puestos bajo el microscopio.

3) Ahora deberíamos preguntarnos a nosotrxs mismxs: "Mmm, me pregunto qué otros grupos marcados han sido alguna vez acusados de reforzar el sistema de género?"

La respuesta es igual a SI! La feminidad ha sido marcada en relación a la masculinidad, que es por lo que las personas señalan más a la primera de "reforzar el género" que a la segunda.

Y también la acusación común de decir "las personas bisexuales refuerzan el binario de género" -mientras que nadie señala a las personas monosexuales de hacer precisamente eso!

Volvamos a la lejana época en que las feministas heterosexuales decían, "el lesbianismo refuerza la clase llamada sexo" -casi exactamente el mismo lenguaje de tus acusaciones contra las personas trans!

Bueno, de acuerdo al libro de Alice Echol, 'Daring to Be Bad: Radical Feminism in America 1967-1975, [Atreviéndose a Ser mala: El Feminismo Radical en Estados Unidos 1967-1975], en sus comienzos, las feministas radicales solían hacer acusaciones contra el lesbianismo que son inquietantemente similares a aquellos que subsecuentemente han realizados acerca de la transexualidad. Por ejemplo, algunas feministas radicales aseguraban que las lesbianas eran "hipersexuales y opresivamente hombres" y que estaban "demasiado apegadas a los roles de género". TI-Grace Atkinson, una feminista radical que eventualmente llegó a evolucionar en lo que respecta a su idea del lesbianismo, dijo alguna vez, "Porque el lesbianismo implica el juego de roles y, más importante, porque está basado en el supuesto primario de la opresión de los hombres, esto es, el sexo, el lesbianismo refuerza el sistema sexual de clases."

Para resumir: El trope del 'refuerzo': 1) es trillado y papanatas, y 2) arremete contra los grupos minoritarios/ marginados. Q.E.D. [queda entonces demostrado] Así que por favor deja de utilizarlo..
Nota: Todas las citas son de mi libro 'Excluídas. Haciendo que los espacios feministas y lésbicos sean más inclusivos." (Excluded: Making Feminist & Queer Movements More Inclusive)

Traducido por Akntiendz Chik.

De los tweets de Julia Serano y su blog 'Whipping Girl'

martes, 4 de octubre de 2016

El día que la Amenaza Transexual retó al Imperio Transexual.




En 1994, en Nueva York, en la librería ‘El Cuarto de Judith’ (Judith’s Room), pero no de Judith Butler, : ) Riki Anne Wilchins, la legendaria activista lesbiana transexual cofundadora del grupo ‘La Amenaza Transexual’ se enfrentó en una discusión cara a cara con Janice Raymond, quizás la más emblemática de las feministas radicales trans excluyentes, TERfs por sus siglas en inglés, y autora de ‘El Imperio Transexual’ el libro más virulento anti-trans que se haya escrito, pensado en torno a las lesbianas trans donde Raymond dedica un capítulo entero llamado ‘Safo por Cirugía’ a difamarlas, y propone una especie de solución final para ‘el problema del transexualismo’ esto es, ‘el cese de su existencia’ a través de reducirles cada vez más los recursos de transición a las personas trans y de concientizarlas para que acepten su género asignado al nacimiento.

El discurso de Wilchins es muy coherente en su feminismo, apasionado y más extenso de las pocas líneas que queremos citar ahora, y viene en su libro, todo un clásico de transfeminismo, ‘Lee mis Labios’ (Read My Lips) pero aborda como un performance realizado con maestría y elocuencia uno de los principales argumentos de Raymond, de las TERfs hasta nuestros días y de muchas feministas que irónicamente se consideran a sí mismas aliadas de las mujeres trans, y este argumento es que las personas transgénero, en especial las mujeres transgénero, refuerzan al querer afirmarse como mujeres, refuerzan los estereotipos de género.


A lo que Wilchins, de manera genial replicó a Raymond en persona,

“Usted dice que nosotras queromos ‘pasar’ como mujeres. Bueno, yo no paso. Yo llevo este logo de ‘La Amenaza Transexual’ (Transexual Menace) a dondequiera que voy. Aquí entre nosotras, sólo usted pasa como mujer. Si, como sostenía Beauvoir, ‘No se nace mujer, se llega a serlo’, si la feminidad es una invención de los hombres impuesta a las mujeres, si el comportamiento femenino es una representación cultural aprendida de cómo llevar el cabello, la vestimenta, de la voz, los gestos y la postura, de manera que una sea percibida como mujer, entonces al presentarse como una mujer es usted quien ha sido asimilada a los roles sexuales tradicionales, es usted quien le sirve a las instituciones, es usted la que está llevando a cabo una representación o un performance aquí."

Preparado por Akntiendz Chik.

¿Cómo ser una aliada de las lesbianas trans?

por Julia Serano. Traducción libre de Akntiendz Chik. “Destruye el mito de la interna y la externa” responde Julia Serano. La autor...